Protagonista Juan Antonio Vigar
Juan Antonio Vigar hace balance del 29 Festival de Málaga, una edición que ha vuelto a demostrar la fortaleza del cine en español y la capacidad del certamen para afrontar cualquier desafío
Ana G. Inglán
El 29 Festival de Málaga llega hoy a su último día tras más de una semana de intensa actividad cinematográfica. Director, ¿qué balance hace de esta edición?
El balance es, sin duda, muy positivo. Siempre he defendido que un festival es una arquitectura cultural compleja que se levanta cada año con el trabajo, la inteligencia y la convicción de muchas personas. No es la obra de un individuo, ni siquiera de una institución concreta; es el resultado de una suma de voluntades que comparten una misma pasión por el cine y una misma responsabilidad cultural.
Cuando uno llega al último día del festival y mira hacia atrás, lo primero que siente es gratitud. Gratitud hacia el equipo que ha trabajado todo el año para que cada proyección, cada encuentro y cada actividad se desarrollen con la precisión que exige un evento de esta magnitud. Gratitud hacia los cineastas, productores y profesionales que han confiado en Málaga para presentar aquí sus películas y proyectos. Y, por supuesto, gratitud hacia el público, que es siempre el verdadero corazón de un festival.
Creo que esta edición ha vuelto a demostrar algo que para nosotros es fundamental: que el Festival de Málaga se ha consolidado como un gran espacio de encuentro para el audiovisual en español, un lugar donde conviven la creación, la industria y el público.
¿Qué impresión le deja el cine que hemos visto en esta edición?
La sensación de que el cine en español vive un momento de gran vitalidad creativa. Hemos visto películas muy distintas entre sí, con miradas autorales muy definidas y con una notable diversidad de enfoques narrativos y estéticos. Un festival tiene la responsabilidad de ofrecer una especie de cartografía del cine de su tiempo. No se trata únicamente de seleccionar películas para una competición, sino de construir un relato que permita al público comprender hacia dónde se está moviendo la creación audiovisual. Y en ese sentido creo que esta Sección Oficial ha reflejado muy bien la pluralidad del cine que se está haciendo hoy en España y en el ámbito iberoamericano.
El área de industria del Festival ha vuelto a mostrar una gran actividad. ¿Qué papel ha jugado MAFIZ en esta edición?
MAFIZ se ha convertido con el paso de los años en una de las grandes columnas vertebrales del Festival de Málaga. Hace tiempo comprendimos que un festival contemporáneo no puede limitarse a exhibir películas; debe ser también un espacio donde los proyectos encuentran desarrollo, financiación, socios creativos y posibilidades de circulación internacional. Durante estos días Málaga se ha transformado de nuevo en un punto de encuentro para productores, creadores, plataformas, agentes de ventas, distribuidores y fondos internacionales. Ese diálogo profesional es fundamental para el futuro del audiovisual en español, porque permite que muchos proyectos que están en fase de desarrollo encuentren aquí el impulso necesario para continuar su recorrido.
Además, el festival ha reforzado su papel como puente natural entre Europa y América Latina. Esa vocación iberoamericana que asumimos con claridad hace algunos años se ha consolidado y hoy Málaga es un lugar de referencia para el encuentro entre ambas orillas del Atlántico.
El festival también sigue abriendo espacios para reflexionar sobre tecnología y nuevos formatos.
El audiovisual está viviendo una transformación muy profunda. La inteligencia artificial, la producción virtual o los nuevos lenguajes narrativos están modificando los procesos de creación, producción y distribución. Un festival debe ser también un lugar donde se reflexione sobre esos cambios. Por eso hemos querido consolidar espacios donde creadores, empresas tecnológicas y profesionales del sector puedan dialogar sobre el presente y el futuro del audiovisual. Y este es el papel de La Villa del Mar, que en este segundo año ha vuelto a ser un éxito.
Este análisis lo hacemos desde una visión que me gusta definir como profundamente humanista. La tecnología es una herramienta extraordinaria, pero el cine seguirá siendo siempre una mirada humana sobre el mundo. Lo que nos conmueve en una película no es el dispositivo tecnológico que la hace posible, sino la emoción, la historia y la mirada que hay detrás de ella.
Esta edición ha tenido además un reto logístico importante debido a los problemas en la línea de alta velocidad que conecta con Málaga.
Efectivamente. Los desprendimientos en la vía a la altura de Álora han provocado que el AVE no llegue hasta Málaga, lo que ha generado una dificultad evidente para la llegada de muchos invitados y profesionales que tenían previsto desplazarse en tren desde Madrid. En un festival la movilidad es un elemento esencial, porque hablamos de cientos de invitados. Ante esa situación, el Festival activó rápidamente distintas soluciones para garantizar que la actividad pudiera desarrollarse con normalidad. Hemos fletado vuelos chárter para facilitar los desplazamientos en momentos especialmente relevantes como la inauguración y la clausura, y además hemos organizado transportes propios para recoger a los invitados que llegaban en AVE hasta Antequera y trasladarlos hasta Málaga con la comodidad y atención que merecen.
Ha sido un esfuerzo logístico y económico importante, pero también una demostración de la capacidad de reacción de un equipo muy experimentado. Cuando uno dirige un festival aprende que la planificación es esencial, pero también lo es la capacidad de adaptarse a lo inesperado.
Y, pese a esas dificultades, el festival ha funcionado con absoluta normalidad.
Así es. Las salas han vuelto a llenarse, las actividades de industria han tenido una participación muy intensa y la ciudad ha vivido el festival con la energía que le es propia.
Eso demuestra la solidez de un proyecto cultural que lleva casi tres décadas creciendo de manera sostenida y que se ha integrado plenamente en la vida cultural de Málaga. El festival ya forma parte de la identidad de la ciudad y la ciudad, a su vez, forma parte esencial del festival.
Porque el público vuelve a ser uno de los grandes protagonistas del certamen.
Sin duda. El público de Málaga es uno de los grandes patrimonios del festival. Es un público curioso, exigente y comprometido con el cine. En los últimos años vemos cómo nuevas generaciones se incorporan al festival y descubren aquí otra manera de relacionarse con el cine: desde la experiencia compartida en la sala, desde el diálogo con los creadores, desde la conversación posterior a las proyecciones. Esa dimensión comunitaria es muy importante. El cine, en un festival, deja de ser solo una obra proyectada en una pantalla para convertirse en una experiencia colectiva.
Después de casi tres décadas, ¿qué representa hoy el Festival de Málaga?
Creo que el festival se ha convertido en una de las grandes referencias culturales de la ciudad y también en un actor relevante dentro del ecosistema audiovisual nacional e internacional. Málaga ha apostado de manera muy decidida por la cultura como motor de desarrollo y el festival es una de las expresiones más visibles de esa apuesta. Durante estos días el cine ocupa las salas, las calles, los espacios de encuentro profesional y también la conversación pública. Pero, más allá de las cifras o de la visibilidad mediática, lo verdaderamente importante es que el festival contribuye a fortalecer el cine en español y a generar comunidad en torno a él.
Para terminar, inevitablemente hay que mirar hacia el futuro.
El futuro siempre es un territorio de responsabilidad. Nuestro objetivo es seguir creciendo sin perder la identidad que hemos construido a lo largo de estos años. Queremos fortalecer aún más nuestra dimensión industrial, ampliar nuestras alianzas internacionales y seguir siendo un espacio de descubrimiento para nuevas voces del cine español e iberoamericano. Y sobre todo queremos seguir siendo útiles. Útiles para los creadores, para la industria y para el público. Porque, al final, un festival solo tiene sentido si sirve al cine. Y por ello, el Festival también propicia y está pendiente del debate en torno al futuro del audiovisual y el futuro de los propios festivales, porque nuestro deber -y nuestra autoexigencia- nos obligan a adaptarnos a las circunstancias del sector, explorando nuevos formatos, en el papel de la tecnología en las distintas formas de creación, pero también en sus implicaciones éticas y deontológicas.
¿Marcamos ya la cita para el próximo año para la 30 edición?
Por supuesto. El 30 Festival de Málaga se celebrará del 26 de febrero al 6 de marzo de 2027. Un poco antes de lo habitual, porque nuestro calendario lo marca la Semana Santa. Mientras tanto, como siempre os digo, nos vemos en el cine.