Adolfo Dávila firma ‘Violentas mariposas’, un trabajo que aborda el tema de la injusticia en México desde la perspectiva de una juventud que se rebela
CARMEN ALCARAZ
‘Violentas mariposas’ es su primer largometraje tras una amplia trayectoria dedicada a los documentales, cortos y vídeos musicales. ¿Cómo surge este proyecto?
Surge de la idea de recrear una película donde los jóvenes fuesen mostrados desde la rebeldía y la inconformidad. Siento que, al menos en el cine mexicano, se ha empezado a retratar a la juventud como personas sin inquietudes, sin reclamos, como si se hubieran alineado al sistema y ya no hubiera protestas. Quise mostrar su lucha y reclamo de los derechos desde la perspectiva del arte. Esto es lo que plantean los dos personajes, Víctor (Alejandro Porter), grafitero, y Eva (Diana Laura DI), cantante de punk. Además, ambos son estudiantes. Él acaba de perder a su padre, periodista, y expresa su enojo a través de sus pintadas. En este contexto conoce a esta chica mayor que él. Se juntan y empiezan, desde su propia trinchera, a reclamar justicia en un país que no se la provee. Una vez concebido ese ambiente, intenté integrar problemáticas sociales que existen en México y en el mundo, como la situación de abuso hacia las mujeres, que es una lacra pese a estar en pleno siglo XXI.
Me da la sensación de que, a la vista del momento que vivimos globalmente, esta expresión cada vez tiene menos sentido, ¿no cree?
Sí, totalmente. Hemos vuelto al medievo en muchos sentidos. Eso que mencionas es muy importante porque, en esta idea del retroceso ideológico, de estar perdiendo tantos avances que se habían logrado en defensa de la igualdad de las mujeres o la comunidad LGBT, pareciera que la película cobre un sentido más importante para que la juventud sea rebelde. Si tú como joven no reclamas justicia, estás predestinado a formar parte de un sistema que te va a limitar de por vida.
¿Ha causado rechazo este planteamiento?
Sí, mi película es muy rechazada en ciertos círculos, tanto en festivales como por distribuidores. Su potencial comercial se ha visto muchas veces limitado por su temática. Y sin embargo, hay una parte marginal en las redes sociales donde la gente nos busca. A mí, a los actores... ¡Hasta a mi fotógrafo le escriben para saber dónde pueden verla! Por eso es bien importante haber entrado a la Sección Oficial del Festival de Málaga, porque cualquier espacio que le dé presencia, capacidad de ser exhibida y criticada es una posibilidad de escuchar esas voces, sobre todo de los jóvenes.
Ha comentado que es una película muy mexicana, pero realmente esta premisa es exportable a cualquier juventud, ¿no?
Me he dado cuenta de que sí. Desde una perspectiva humilde creo que la película retrata una situación mexicana en lo referente a que los hechos que suceden. La violencia y los abusos que viven mis personajes son muy propios de México, sobre todo en el sentido de que no puedes ir a denunciar. En mi país no existe justicia para la gente. Más del 90 % de los feminicidios no son perseguidos. Hay 20.000 hombres asesinos, mueren 11 mujeres al día y quien las mata no va a tener castigo. La impunidad prevalece de una manera insólita. Pero es verdad que en mayor o menor media es una situación que se da en muchos otros lugares del mundo.
Otra de las claves es la música, que sirve como hilo conductor de la historia. ¿Qué importancia tiene en el filme?
Es algo muy importante en todo mi trabajo, y en ‘Violentas mariposas’ se volvió fundamental. Para mí era importante que la chica fuera cantante punk porque es un género musical que tiene esta visión de que no existe un futuro para los jóvenes. Es una postura artística, marginal, que tiene siempre una carga política. Mucha gente cree que el punk está muerto, por eso me interesa ver cuál es la reacción en España, porque creo que también es un país donde siempre ha permanecido vivo. En México, actualmente, va muy ligado a las mujeres, al feminismo y a la comunidad LGBTI.
Como fotógrafo, la identidad estética de la película era otra de sus obsesiones.
Sin duda. Pero la parte estética de la película se fue dando de una manera más orgánica con la colaboración del equipo, de mi director de fotografía, Federico Barbabosa, e incluso de los personajes. Mi idea inicial era generar una estética que pareciera de cómic. Siento que una fuerte corriente del cine mexicano está muy influenciada por el francés, que intenta recrear la realidad tal y como es. Sin embargo, yo buscaba una visión ficticia, en la estética y en las localizaciones de la ciudad, que actúan como metáfora del laberinto personal en el que están los personajes.
Sobre esto, sus actores son noveles. ¿Cómo ha sido trabajar con ellos?
En el caso de Alejandro Porter, que interpreta al personaje de Víctor, es un joven estudiante de actuación que llegó al casting ya tardío y venía en busca de otro personaje, el baterista de la banda, porque él lo es. Y en el caso de ella, yo buscaba actrices que cantaran y me di cuenta que era al revés: necesitaba una cantante que pudiera interpretar. Diana se presentó al casting, cantó dos canciones y nos emocionó. Era alguien que no solo entendía el personaje, sino que tenía una voz espectacular y un rango para interpretar desde punk a jazz. Estoy muy contento porque las carreras de ambos han despegado. Alejandro está inmerso en nuevos trabajo y Diana, que ha sido una revelación total y es una chica con mucho carisma, recibió el premio a la mejor actriz en el estreno de la película en el Festival de Morelia.