Protagonista Juan Pablo Sallato
Juan Pablo Sallato rememora el golpe de estado chileno de 1973 para hacernos reflexionar sobre la conciencia individual
Jesús Zotano
¿Cómo se siente ante el estreno de su película en el Festival de Málaga?
Estoy muy contento. Es un tremendo honor participar en el Festival de Málaga y que este sea la puerta de entrada de la película en España.
¿Qué sensaciones recibió en la Berlinale?
Ha sido un lugar ideal para presentar la película por su temática. Berlín es una ciudad que confronta su pasado con el presente. Y de alguna manera ‘Hangar Rojo’ habla sobre eso. Ha sido una experiencia maravillosa.
La cinta se inspira en el libro autobiográfico de Fernando Villagrán, ‘Disparen a la bandada’. ¿Cómo le llega esta historia?
El guionista Luis Emilio Guzmán, que es amigo de Fernando, me presentó el libro. La historia de Fernando, a quien unos soldados le salvaron la vida, es un poco más amplia y hace una pura investigación sobre oficiales y suboficiales que participaron en el golpe de estado sin estar muy de acuerdo con la manera en la que se estaba llevando a cabo. Lo que más me impresionó es que eran muchos. Y en particular me interesó la historia del capitán Jorge Silva, que ofrecía un punto de vista inédito, donde las órdenes llegan digeridas, únicamente para ejecutarlas.
Su mirada se centra, precisamente, en los soldados que deben acatar las órdenes sin preguntarse el porqué…
Exacto. Ahí está el dilema moral: cuando debes cumplir la orden de la institución a la que sirves. En el mundo militar, además, es una como una religión. La orden es la orden y eso no se discute. El dilema está entre cumplir con tu institución o con tu conciencia. Y eso nos pareció un motor muy potente para la película. También el espectador acaba preguntándose qué haría en una situación así.
Además de reflejar todo lo que rodeó el golpe militar de Chile de 1973, su intención es interpelar al público al debate sobre temas como la justicia, la lealtad y algo tan primario como la diferencia entre el bien y el mal.
Sí, y también es mostrar la escala de grises que hay en el mundo. Y apelar a la responsabilidad personal de cada uno. Es posible creer en que se pueden hacer las cosas de otra forma, creer en la ética y los valores. Incluso en los momentos más dolorosos de nuestra historia. Considero que es fundamental contar estas historias porque son importantes y poder ver la luz en mitad del horror.
Aunque sin la intención de convertir a nadie en héroe…
No. En ningún caso. Este hombre deja a estos jóvenes en el centro de tortura más terrible que hubo en Chile, como fue el Estadio Nacional de Chile. El nivel de violencia fue enorme.
El golpe de estado de Chile sigue estando muy presente en la cultura de su país.
Fue un drama lo que pasó en Chile y quedan muchas heridas abiertas. Y aunque digan que ya se han hecho muchas películas al respecto, creo que hay que seguir buscando caminos y seguir pensando otras maneras de contarla para que no vuelva a suceder. Hay un aire en el mundo de impunidad frente a traspasar derechos humanos e internacionales. Creo que es importante volver a recordar las consecuencias que eso puede traer. No se puede olvidar eso. Yo no puedo olvidar que durante años en mi país se mataba a personas por pensar distinto. Una película no va a parar una guerra, pero invita a pensar.
¿Qué piensa que de la actualidad del cine chileno y argentino?
Esta cinta es una coproducción entre Chile, Argentina e Italia. Y te diría que hoy en día esta fórmula es la única manera de hacer cine independiente: buscando la alianza entre los países. De lo contrario es imposible.