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“Retratar la complejidad humana es lo que me mueve la mayoría de las veces"

“Retratar la complejidad humana es lo que me mueve la mayoría de las veces"

Protagonista Alauda Ruiz de Azúa

08.03.2026 - 00:01

Alauda Ruiz de Azúa acude hoy al certamen para sumar a sus recientes Goyas un nuevo reconocimiento por una carrera brillante y en continuo ascenso

Tamara Harillo

Recibe el Premio Málaga Talent en un momento especialmente fértil de su carrera. ¿Qué significa para usted que el Festival de Málaga reconozca su trayectoria? 

Es un reconocimiento muy especial por muchas razones. Lo han recibido cineastas que admiro, tiene algo de apuesta generosa por parte del Festival en lo que está por venir y además Málaga fue el lugar donde ‘Cinco lobitos’, mi primera película, echó a andar arropada por todo el cariño del público malagueño.

De eso hace solo cuatro años. ¿Cómo cree que marcó su carrera este estreno en el certamen? ¿Volver ahora a por un premio le hace mirar aquella primera vez desde otra perspectiva?

El Festival de Málaga fue crucial para que ‘Cinco lobitos’ obtuviese toda la visibilidad que tuvo. Por la recepción del público, por todos los premios que consiguió… Yo en ese momento era una directora novel desconocida, aquello fue sin duda un punto de inflexión. Pude levantar otros proyectos, recibir otras propuestas y, por supuesto, sentir que había un público para el cine que deseaba hacer.

Después han llegado otros éxitos, como ‘Querer’ o ‘Los domingos’. ¿Siente que cada proyecto le ha ido dando más libertad o, por el contrario, cada vez es más exigente consigo misma? 

Soy exigente porque creo que es muy privilegiado lo que hago. No sé cuánto durará, pero mientras dure, quiero hacerlo cuidándolo al máximo. Pero esa exigencia no está reñida con la libertad. Al menos en mi caso, he tenido mucha suerte con las productoras o productores con los que he trabajado hasta ahora. Me he sentido siempre libre para explorar las historias como sentía que debía hacerlo. Esa libertad puede conllevar incluso más sentido de la responsabilidad o de la exigencia.

Sus personajes suelen estar atravesados por conflictos muy íntimos, pero profundamente políticos. ¿Lo personal sigue siendo el espacio más poderoso desde el que narrar lo colectivo? 

No sé si es el más poderoso, pero cada vez estoy más convencida de que no se puede abordar lo político sin la dimensión de lo íntimo. Los conflictos políticos o sociales cobran otra complejidad cuando los atraviesa lo íntimo, lo afectivo… Intentar retratar esa complejidad humana es lo que me mueve la mayoría de las veces. 

Pertenece a una generación de cineastas que está reformulando los relatos sobre lo femenino, la familia o la intimidad y también ha cambiado el paisaje del audiovisual español. ¿Hasta qué punto este acompañamiento influye en su trabajo? ¿Este cambio ya es estructural o aún es frágil? 

Ha habido grandes cambios y muy ilusionantes en los últimos años. Pero yo no diría que es algo estructural o normalizado. Aún no hemos llegado a ninguna cifra de paridad en muchas cuestiones, aunque se hayan conseguido muchas cosas. Personalmente me quedo con la sensación de que es posible cambiar las cosas, de que hay muchas personas con ganas de ese cambio y de que esa conversación continúa abierta.

Apuesta por un cine más artesanal, con un marcado componente humano. En un contexto cada vez más condicionado por el algoritmo y la inteligencia artificial, ¿cómo de difícil es levantar propuestas tan personales? ¿Hacer este cine es una forma de posicionamiento? 

Toda elección es un posicionamiento de alguna manera. Supongo que mis elecciones hablan de que mi amor por el cine tiene que ver con lo humano a todos los niveles. Desde el ángulo de las historias hasta la importancia del trabajo con los actores. Es un proceso artístico humano para humanos. No se trata de “producir” por “producir”. Se trata de personas  explorando algo incómodo, emocionante, divertido, contradictorio…, tratando de comunicar esas sensaciones e ideas para otras personas. La IA podrá ser una herramienta útil para algunas cuestiones, pero para mí no tiene sentido que sea mucho más. Yo hago cine para dialogar con otras personas desde mi dimensión humana. Incluso si es una comunicación o un diálogo limitado, también me parece bien. Las limitaciones forman parte de lo que es ser humano.

¿Le atraen otros géneros o territorios narrativos que todavía no haya explorado?

No lo sé. No hago planes a largo plazo, pero no descarto nada.

“La vocación no es una elección, sino una llamada” es el lema que reza en el póster de ‘Los domingos’. ¿Es así también para usted el cine?

Para mí el cine fue una elección. Al principio, fue una elección inconsciente, ignorante y romántica de adolescencia, porque no tenía ni idea de lo complejo que es este mundo, pero fue una elección. Yo sentía que el cine era el mejor de los mundos y quería formar parte de ese universo. Y creo que fui muy afortunada, porque aunque no todo haya sido fácil, pude permitirme elegir y al menos intentarlo.