Protagonista Beatriz de Silva
Beatriz de Silva, directora de ‘todos los colores’, estrena una historia de superación y amistad entre adolescentes
Carmen Escalante
En esta película vuelve a tratar el tema de la adolescencia que ya abordó en su corto ‘Tula’, pre seleccionado a los Óscar y que estuvo también en los Goya. ¿Qué le atrae de esta franja generacional?
Me interesaba hablar de esta generación de adolescentes desde una perspectiva que no he visto, que es la de la discapacidad, sin que sea el tema central de la película. Me parecía una perspectiva nueva y fresca que puede atraer por la curiosidad que genera.
Elige a una chica en silla de ruedas como personaje central, pero la discapacidad aparece como una circunstancia física que no condiciona su personalidad. Ella es mucho más.
Así es, gente que ya ha visto la película me dice que se te olvida que la protagonista va en silla de ruedas. Yo que tengo muchos amigos que tienen discapacidad y me olvido de ello, lo normalizas. Me resultaba interesante poner al alcance del público general, o de quienes no están en contacto con personas diferentes, la posibilidad de que se normalice la discapacidad y que luego se lo lleven a la vida cotidiana en la calle. Que puedan ver un poco más allá a estas personas.
En la película muestra muchos códigos de los adolescentes de hoy sin filtros, hablando su propio lenguaje. Veo que no le ha asustado arriesgar.
Si quieres conectar con el público joven hay que hacerlo hablando en su idioma y sus códigos. Fue una conversación que tuvimos con la productora y con todo el equipo involucrado. Recuerdo esa reflexión, si queremos llegar a ese público no hay medias tintas. No se puede tener miedo a arriesgar, primero para acercarnos a ellos y también para que los adultos entiendan lo que sienten desde su perspectiva y cómo se expresan. Aunque les pueda escandalizar un poco, forma parte del choque generacional y creo que es educativo para todos.
También trata con naturalidad situaciones tabú cotidianas que viven personas con discapacidad.
Sí, en las situaciones íntimas es donde hay mucha verdad y donde está la diferencia. Muchas veces, precisamente por ser tabú, interesan temas de los que no se habla. No sólo en la discapacidad. Por ejemplo, tener la regla, que es una situación que afecta a la mitad de la población, no se suele mostrar. Y tenía sentido más aquí, cuando estamos hablando de adolescentes que son todo hormonas, fluidos... Creo que hay que enseñar ciertos temas, es real y pedagógico.
¿Cómo fue trabajar con actrices tan jóvenes y construir esa sensación de amistad real?
Supuso trabajar con mucha improvisación, desde aceptar lo que eran para construir con ellas algo natural, orgánico, sin forzar. Fue muy importante para mí el casting, haber hecho una buena elección, la química ya se vio ahí desde el inicio. Para jóvenes intérpretes es importante que sea un juego, que no se sientan juzgadas, que se sientan libres y cómodas. Me ha encantado trabajar tanto con Mafalda Carbonell, que interpreta el personaje central de la película, como con las jóvenes que hacen de sus amigas. Muchas veces no le contábamos el tipo de planos que estabamos haciendo para no romper la magia y la química entre ellas.