Protagonista Ángeles González-Sinde
Ángeles González-Sinde regresa al Festival de Málaga con una historia de reencuentros de pareja forzados y dolor familiar
Jesús Zotano
¿Cómo ha sido el proceso de adaptación de su propia novela al lenguaje cinematográfico?
A lo largo de mi carrera he realizado bastantes adaptaciones: unas por iniciativa propia y otras a propuesta de directores o productores. Lo que más me costó en este caso es que los protagonistas de la novela son una pareja de ingleses que cuando llegan a España todo les resulta muy ajeno. Ni siquiera conocen el idioma y no pueden descifrar bien el contexto. Pensé que era difícil salvar ese aspecto con unos personajes de habla hispana. Pero luego, eso que pensaba que iba a ser una gran dificultad, no lo fue en absoluto. Quizá la mayor complejidad residía en cómo comprimir la historia de la pareja. La novela tiene dos líneas temporales: el presente y el pasado de ellos, desde que se conocen y son novios hasta que se separan. Lo difícil era desarrollar toda esa experiencia del pasado en una película de noventa minutos. Pero la ventaja de adaptar tu propia novela es que puedes hacer todos los cambios que quieras sin sentir que traicionas la obra de otro autor.
La pérdida, las segundas oportunidades y las parejas rotas son temas centrales en esta historia.
Sí. Quería explorar qué queda de los afectos de las parejas cuando se separan: si se borran totalmente sus vínculos o queda algo de proximidad hacia esas personas que hemos querido en algún momento, y que luego hemos echado de nuestra vida, o que nos han rechazado.
Las familias desestructuradas, sobre todo cuando hay hijos de por medio, siguen siendo familias.
Son parte de una familia y no pueden ignorarlo. Me interesaba explorar esa familia que fue un desastre, que no acaba bien y las consecuencias que tiene para la hija la mala convivencia y la mala separación de la pareja.
Juan y Gloria están encarnados por Darío Grandinetti y Adriana Ozores. ¿Estaban sus rostros de alguna forma ya en escritura de la novela o llegaron con el guion?
Normalmente, no me imagino la cara de ningún actor. No tener una idea prefijada me da a mí más libertad para escoger y también al actor para hacer propuestas. Me gusta que los actores tengan margen de libertad para proponer sobre la composición de los personajes. Una vez que tuve el guion, pensé en Adriana, con la que ya he trabajado en varias películas. Ella es un valor seguro. Y en seguida nos decantamos por Grandinetti, que reunía las características del personaje: esa aparente rudeza y antipatía de una persona que está de vuelta de la vida.
En el reencuentro de esta pareja también nacen nuevas ilusiones, pese a lo trágico de la situación.
Se ven reconstruyendo una convivencia perdida: forzados a la tesitura de convivir. Me interesa poner a los personajes en una situación emocionalmente difícil, como es la pérdida de una hija, y en un contexto que va contracorriente, ya que llegan a un lugar de vacaciones, como Benidorm, a pasar uno de los peores trances de su vida. Ese contraste me interesaba mucho.
¿Cómo valora el pulso del cine español actual?
Cada año, el cine español nos sorprende con más variedad y diversidad. Siempre me ha parecido que eso es lo que hace fuerte a una cinematografía: que haya películas muy variadas: desde las comedias más comerciales hasta los dramas más complejos y arriesgados. Y la constante incorporación de nuevas voces también hace que estemos viviendo un momento de gran salud del cine en España.
¿Y cómo ha visto el desarrollo del Festival de Málaga?
No ha hecho más que ir para arriba. Fui ya en la segunda edición y me encantó. Lo que me gusta mucho es cómo los festivales transforman las ciudades, algo que ya vimos en Valladolid o San Sebastián. Y ahora Málaga es otra prueba de cómo la cultura, en este caso el cine, transforma una ciudad. Se crea público, se crea afición, una alfabetización en el audiovisual…, y todo eso también va generando un tejido industrial de mucha calidad. Los festivales, además de un lugar de encuentro para la industria, son un semillero de nuevas oportunidades y un empuje para la industria.
¿Cree que en la actualidad se tiene una mayor conciencia de la propiedad intelectual que hace quince años, cuando era ministra de Cultura?
Creo que sí. Porque fíjate cómo se ha recibido la inteligencia artificial. Desde el primer día se ha tenido una cierta prevención, una cierta sensación de que no es oro todo lo que reluce, aunque sí que resuelve muchas cosas. Todo el mundo está de acuerdo en lo arriesgado de la utilización de los datos de los usuarios y de la huella digital que vamos dejando. Creo que hay una sensibilidad muy, muy distinta. Y sabemos lo que está en juego.