Protagonistas

“Preservar una tradición significa también preservar una forma de vida"

“Preservar una tradición significa también preservar una forma de vida"

Protagonista Álvaro Olmos Torrico

12.03.2026 - 00.01

Desde Bolivia, Álvaro Olmos Torrico llega al concurso con una cinta sobre una joven llamada a heredar el oficio ancestral de partera

Tamara Harillo

¿Nos presenta la película?

Es la historia de dos parteras rurales de la zona de las montañas, en los valles centrales de Bolivia. Son una madre y una hija adoptiva, que es la destinada a heredar la tradición de la partería. Pero la joven, propio de la edad, se ve seducida por las promesas de la ciudad y decide emigrar. Entonces la película cambia el punto de vista y aborda la mirada de la madre, cómo debe enfrentar ese vacío y cómo, siendo la responsable de preservar este cuidado con los nacimientos en la comunidad, enfrenta quién se hace cargo posteriormente del oficio. Y motivada por eso, Ana va a la ciudad y busca a Clara, pero cuando la encuentra ve que el camino que está tomando es un camino legítimo que ha elegido ella, y decide regalarle a su hija ese derecho a la libertad.

La figura central es la partera, toda una autoridad en su comunidad. ¿Qué le interesaba abordar en esta transmisión generacional?

En la cosmovisión andina, las mujeres que ejercen la partería suelen ser elegidas por los dioses. En el caso de Clara, hay un elemento que lo explica: le ha caído un rayo. En el mundo andino, cuando a alguien le cae un rayo y sobrevive, se interpreta como la señal de que ha recibido un don, un llamado de un ente superior que debe ponerse al servicio de la comunidad. Por eso Ana entiende que Clara es la llamada a preservar esta tradición. Y preservar esa tradición significa preservar una forma de vida, preservar también la relación con el entorno.

Hay otro proceso que atraviesa la película, que es la migración del campo a la ciudad. ¿Nace también un poco esta película como respuesta a este fenómeno? 

La migración es un fenómeno constante y global, lo vemos no solo en Latinoamérica, también en Europa. Todos tenemos familiares en Bolivia que emigran. Y a la vez mi familia, por ejemplo, viene también de un área rural que ha venido a la ciudad. Aquí también hay una declaración de cómo yo percibo ese proceso. Pero lo interesante es que también añado ahí lo que yo he visto: el retorno. La gente viene a la ciudad, pero no olvida el campo y siempre retorna, o vuelve para sembrar. Entonces no hay un desarraigo completo. Esa convivencia cultural se conserva y mantiene esa conexión con el territorio y con la lengua.

Aunque esta es una historia local, trata un tema universal: tradición vs modernidad. ¿Cree que ese conflicto entre identidad y progreso es uno de los grandes debates de nuestro tiempo? 

Yo no he querido poner el uno contra el otro, sino tratar de que convivan. Por ejemplo, yo no hablo quechua, pero mi familia en el campo, donde voy mucho, todavía lo hace. Me encantan esos códigos culturales y esa convergencia entre tradición y los tiempos actuales. 

La modernidad en este caso, ¿actúa como aliada para conservar la cultura? 

Creo que es un aliado interesante para dar pasos adelante. Puedes mantener tu cultura, tus tradiciones y tus creencias y, al mismo tiempo, tener influencias externas. Al final, la cultura es dinámica y tiene que estar siempre en movimiento. Creo que no nos hace mal escuchar rock en el campo, pero sí que te saquen de ahí, o que te quiten tu tierra, o que te exilien y te desarraiguen. Que te quiten derechos fundamentales creo que eso es mucho peor.

Clara quiere irse a la ciudad para cantar en una banda de música chicha. ¿Hasta qué punto su historia es la de miles de jóvenes en Bolivia?

He conocido varias chicas del área rural que tienen esa fascinación. A la propia Marisol, que interpreta a Clara, la conocí por Tiktok viendo que tenía un grupo. Y esto de la música chicha acá es un universo que yo desconocía. Hay muchos grupos, hay mucha fiesta, hay mucho dinero, hay de todo. Tampoco es un mundo maravilloso, tiene sus demonios, es bien complicado porque hay mucha explotación, hay muchas cosas ahí, pero es una industria. Pero en Bolivia ahora es una bomba, se ha vuelto muy viral. 

Ha trabajado con actores  naturales. ¿Feliz con el resultado de la cinta?

Para mí ha sido maravilloso porque he tenido buena escuela con el documental. Tanto Marisol como doña María (Ana) son personas que tienen una familiaridad con los personajes a los que encarnan. Doña María, al ser radialista de una radio en quechua, yo sabía que lo iba a poder representar poéticamente. Ella, además, acompañaba a su madre en algunos partos y eso se nota cuando agarra a los bebés. Para nosotros estar en el Festival de Málaga es algo que nos enorgullece mucho,  ha recibido muy bien pelis bolivianas últimamente, como ‘Utama’ o ‘El ladrón de perros’. Saber que podemos estar en la presentación aquí con doña María, que nunca ha venido a Europa, nos va a llenar de emoción y orgullo.