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“Mis películas tienen la intención de estimular el pensamiento crítico”

“Mis películas tienen la intención de estimular el pensamiento crítico”

Protagonista Francisco Lombardi

12.03.2026 - 00.01

El cineasta peruano Francisco Lombardi recibe hoy el premio retrospectiva del Festival, en el que también presenta ‘El corazón del lobo’

Tamara Harillo

¿Cómo siente al recibir este reconocimiento del Festival?

Parte de mi filmografía tiene un vínculo muy especial con España, he tenido la buena fortuna de hacer varias coproducciones, he estrenado varias películas aquí y he sido reconocido en festivales españoles. Por todo ello, me siento particularmente honrado.

Casi cincuenta años ligado al cine, Francisco. ¿Habría entendido su vida de otra manera que no fuera detrás de una cámara?

En un momento de mi vida, allá por los años 70, cuando era casi imposible hacer cine en Perú, pensé que mi vida iba a estar más ligada a la literatura, pese a que mi afición por el cine empieza casi desde niño. Yo vivía en una ciudad pequeña, Tacna, y casi la única actividad de entretenimiento que había era ir al cine. En esos años lejanos, yo fantaseaba con la idea de ser parte de ese mundo, de salir de la rutina aburrida e introducirme en esa pantalla misteriosa donde ocurrían historias mágicas. Cuando terminé el colegio, la opción de estudiar cine no existía en mi país. Estuve un tiempo dedicado al periodismo y a escribir mis primeras historias, hasta que de pronto surgió la posibilidad de estudiar en la Escuela de Fernando Birri en Santa Fe (Argentina). Y allí todo cambió. Debo decir que tuve mucha suerte, porque mi primera película fue un gran suceso de público y ello me ayudó a continuar. De no haber habido ese éxito, quién sabe qué hubiera podido pasar. 

Vino al certamen en 2007 con ‘Mariposa negra’, hace dos décadas. ¿Qué ha cambiado desde entonces? 

Se me ha hecho más difícil tener continuidad. Por razones de financiamiento, no he podido hacer una película cada 2 o 3 años, como había sido siempre. Han cambiado muchas cosas. Ha cambiado el público: hoy en Perú es muy difícil que una película que no sea una comedia pasatista pueda aspirar al éxito de taquilla. Han cambiado las condiciones de financiamiento, han cambiado, en general, los criterios en los festivales, etc. Me ha costado mucho sacar adelante ‘El corazón del lobo’, por ejemplo. Los temas que implican un cierto nivel de exigencia y de reflexión se han vuelto muy difíciles de financiar. Igual, yo cada año presento algún proyecto al Ministerio de Cultura para ver si consigo ayudas, pero hay pocos estímulos. Siempre me digo que hay que perseverar, creo que el oficio del cineasta tiene mucho que ver con la perseverancia.

Además, presenta en Sección Oficial su último trabajo, ‘El corazón del lobo’, que conecta con su obra ‘La boca del lobo’. En ella aborda de nuevo la violencia en Perú a través de uno de los episodios más dolorosos de su historia reciente: Sendero Luminoso. ¿Qué le quedaba por contar sobre ese periodo?

Cuando hice ‘La boca del lobo’, el fenómeno terrorista era un tanto desconocido. Sendero Luminoso era una especie de fantasma: aparecía, sembraba muerte y desaparecía. Y así abordamos la película. No teníamos la distancia necesaria para tener una visión un poco más totalizadora, la urgencia de poner el tema en agenda nos fue ganando y nos lanzamos a contar unos hechos trágicos que habían ocurrido en un pequeño pueblo de los Andes. El punto de vista era el de los uniformados que llegaban al mundo rural sin tener mayor conocimiento de la cultura andina, un tema especialmente importante en un país tan fracturado culturalmente. Con los años se fue comprendiendo mejor el fenómeno de la violencia en toda su dimensión. En este sentido, haber hecho ‘La boca del lobo’ tan precipitadamente, si bien pudo haber sido valiente y útil a fines de los años 80, me dejó  con la sensación de que había tenido una mirada un tanto parcial, y he vivido con eso bastantes años. Sentía que había una deuda ahí. Por ello, me dediqué a buscar relatos que me permitieranvolver al tema con una mayor perspectiva y encontré en la historia de Aquiles, rescatada en el libro de Carlos Enrique Freyre, una posibilidad de enriquecer la visión del conflicto. Siempre me interesó entender cómo tantos jóvenes habían sido convencidos para cometer crímenes tan atroces en nombre de una supuesta revolución que muchos de ellos ni siquiera entendían. En todo caso, esa etapa trágica de la historia del Perú es una fuente inagotable de historias, que, al mismo tiempo, nos revela que las zonas más oscuras de la conducta humana también rescata historias valiosas de resiliencia.


Pero, ¿cree que el cine todavía puede influir en la conciencia pública? 

A mí me interesa sobre todo el cine de ficción, acercarme a determinadas historias que puedan ser reveladoras, construir personajes que nos remitan a alguna forma de identificación emocional que consiga involucrar a los espectadores. En ese sentido, podría considerarse que mi cine está más cerca del cine del pasado que de las tendencias más actuales. Y, en general, me interesan las historias que no terminen cuando se enciendan las luces de la sala, sino que sean capaces de acompañar al espectador un poco más  allá de las dos horas de proyección. Quizá lo que conecta todas mis películas, y esto lo digo especialmente pensando en el público peruano, es mi intención de estimular el pensamiento crítico, algo especialmente sensible en los tiempos que corren.

Por último, Francisco. Recibir un premio por su trayectoria mientras presenta una película nueva tiene algo paradójico: balance y presente al mismo tiempo. ¿Se siente en un momento de cierre o de continuidad? ¿Qué sigue impulsándolo a rodar?

Debo decir que mi mayor estímulo es estar con un proyecto entre manos. Sería muy angustioso imaginar el resto de mi vida sin la posibilidad de hacer una nueva película, por lo que no quiero pensar en cerrar ninguna etapa. Con el rodaje de ‘El corazón del lobo’ me pregunté si estaba en capacidad de internarme en la selva, en medio de caminos imposibles y lluvias intensas. Y lo conseguí, por más agotado que terminara cada día peleando con los bichos [risas]. Esta película ha sido una experiencia muy enriquecedora para saber que en mis más de 70 años puedo seguir enfrentando los desafíos más demandantes. Recibir premios como este me ayuda a seguir visible y también a recordar con nostalgia y alegría mis mejores años como director de cine.