Protagonista Guillermo Ríos
Guillermo Ríos presenta hoy ‘Solos’, una dramedia que discurre entre medias verdades y deseos ocultos
Tamara Harillo
‘Solos’ está basada en la novela homónima de Paloma Bravo. ¿Cómo llega al texto y por qué decide transformarlo en película?
La obra es una novela muy realista con un toque irónico que habla sobre todo de lo cotidiano, los miedos y los deseos. De entrada, reconocí un momento vital con el que, por edad y por circunstancias personales, conecté inmediatamente. Es una película que van a entender todas las edades, por supuesto, pero la verán con más profundidad las personas que hayan pasado los cuarenta. Los personajes tienen cosas muy humanas que, de forma íntima, me interesaban mucho. Yo la definiría como una dramedia. El humor surge de la verdad emocional de los personajes y no tanto de la caricatura. La comedia avanza a través de los personajes, con un toque irónico.
Dice que en esta historia se habla de todo “en minúsculas”. ¿Qué significa esto?
Aparentemente no hay grandes tragedias. Los conflictos parecen ligeros, son más banales, situaciones más cotidianas donde uno se siente mejor o peor según lo que le vaya ocurriendo. Trata temas que pueden parecer más superficiales, pero que esconden una profundidad muy interesante. Y según avanza la película aparecerán otras historias que no puedo desvelar.
Guillermo, en los cuarenta, ¿aprendemos a callar más o a mentir mejor?
¡Nunca lo había pensado! Se supone que con la madurez muchas veces callamos por construir algo bueno. A medida que avanza la película, que transcurre durante una cena de cuatro amigos, empiezan a aflorar pequeñas mentiras o medias verdades que quizá llevan años instaladas en la relación. Al final son anclajes que cada uno se construye para tirar adelante. La amistad entre los personajes hace que tengan menos pelos en la lengua a la hora de enfrentarse entre sí. Como se conocen, tienen menos miedo a decirse la verdad. Pero a veces eso puede ser un error. La película se mueve en un diálogo constante donde fluctúan medias verdades, falsas realidades y deseos ocultos. Poco a poco se van descubriendo sorpresas que van desnudando a los personajes.
¿Cómo trabajó la idea de que la cena funcionara como un confesionario colectivo?
Esto implica, a nivel de planificación, decidir dónde colocar la cámara. Me gusta mucho esa parte del trabajo y cómo afecta psicológicamente a la historia. Iniciábamos con planos más abiertos para luego meternos casi de forma directa en sus miradas. Los actores hablan prácticamente a cámara al final de la película. Eso es intencionado y va de menos a más en la historia para provocar que el espectador esté metido en la escena.
La película se sostiene en un reparto muy coral: Salva Reina, Kira Miró, Carlos Santos y Elia Galera. ¿Qué tal el trabajo con ellos?
Conectamos muy bien todo el reparto. Había mucha ilusión. Ya me conocían de mi película anterior, ‘Solo una vez’, y había referencias y amigos en común. Desde que recibimos el texto hicimos un trabajo rápido porque la agenda de todos era complicada. Nos sentamos con el guion e hicimos muchas sesiones para definir bien los personajes, encontrar el ritmo e ir de menos a más en la historia. El trabajo fue muy positivo y sin duda hizo crecer la historia, porque los actores aportaban sus puntos de vista. Poder contar con Kira, Salva, Carlos y Elia ha sido una pasada.