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“La violencia machista no se centra sólo en la pareja, la sufren niños y niñas”

“La violencia machista no se centra sólo en la pareja, la sufren niños y niñas”

Protagonista Júlia de Paz

12.03.2026 - 00.01

La directora Júlia de Paz estrena ‘La buena hija’, con la que asume el reto de visibilizar el maltrato silenciado que cuesta nombrar

Carmen Escalante

¿Qué significa para usted volver a la la sección oficial del Festival de Málaga con su segundo largometraje, ‘La buena hija’, tras competir hace algunas ediciones con su ópera prima, ‘Ama’?  

Para nosotros, el Festival de Málaga es como casa. En esta película repetimos muchas personas del mismo equipo. Estrené aquí mi primera película con 24 años y es una suerte enorme volver otra vez.

¿Qué necesidad personal y creativa había detrás de este proyecto? 

A Nuria Dunjó, coguionista, y a mí nos apetecía explorar la violencia que sufrimos las mujeres. Al investigar y entrevistarnos con muchas de ellas, encontramos que la gran mayoría sentía que una realidad silenciada era la de sus hijos e hijas que no eran considerados víctimas de esa violencia. Al no sufrirla de forma explicita, sexual o física, no eran judicial o socialmente considerados víctimas y tenían que continuar visitando al agresor. Y se nos abrió un mundo con esto. La investigación ha durado 5 o 6 años y nos hemos dado cuenta que esa desprotección impulsó la necesidad de hacer este proyecto.

A muchos niños y niñas les cuesta identificar que han vivido esa violencia. ¿Cree que es por una necesidad de escape o como mecanismo de resiliencia? 

Claro, está la necesidad de reclamar el derecho a vivir como niños y niñas que necesitan espacios de luz, disfrute, evasión. Por eso intentamos que la película encontrase un equilibrio entre esa luz y la oscuridad que conlleva el propio conflicto.

Y en la película asume el reto de mirar ese tipo de violencia silenciada que a menudo cuesta nombrar...

Hubo un gran trabajo de guion y uno de nuestros objetivos era presentar una violencia que no fuese explícita, demostrar que la violencia tiene muchas más capas de lo que culturalmente y educacionalmente nos han hecho entender. Al final, el propio silencio puede ser una herramienta de violencia brutal, el no acompañar, el dejar en ambivalencia al niño o niña... En el guion tuvimos el acompañamiento de psicólogos y educadores. Incluso el equipo técnico tuvo una formación para lograr entender en qué estábamos trabajando y qué queríamos representar.

¿Cree que a las mujeres se les sigue exigiendo un nivel de responsabilidad emocional dentro de la familia que no se pide a los hombres? 

Totalmente. A la mujer se le pide una mayor responsabilidad emocional. En la película nos interesaba explorar cómo nos atraviesa la culpa a muchas mujeres, que es algo que está muy ligado al género y a cómo nos han educado. La decisión de elegir a la protagonista, su madre y abuela fue una decisión personal para mostrar esta red entre mujeres; también para ver cómo actúa la culpa en cada una en función de lo que no han hecho en el pasado y a lo que sí pueden hacer en el presente.

¿Cómo fue dirigir a esta joven actriz, Kiara Arancibia, que debuta en la gran pantalla, junto a esos otros experimentados actores en su película?

He tenido el privilegio de contar con Tamara Casellas, la protagonista de mi primera película que estrenamos en Málaga, como coach de Kiara. Más allá de a nivel técnico me interesaba que tuviera un acompañamiento emocional. En las secuencias en las que participaban los otros actores más experimentados, ella estaba con Kiara, porque los personajes que interpretan son muy duros y, o había ese acompañamiento emocional o hay un maniqueísmo que a mí no me interesa poner en juego, moralmente hablando.

¿Cómo fue la transición del corto ‘Harta’, semilla de este largometraje, en términos de narrativa y de producción? 

Cuando hicimos el corto ya estábamos pensando en este largo. Lo hicimos porque queríamos saber si estábamos preparadas para asumir la responsabilidad que hemos comentado y ver si éramos capaces de tratar este tema. Con el largo pudimos trabajar otras capas: las tres generaciones, la relación con las amigas... Y en términos de producción ha significado más tiempo, dinero y más productoras. Como lo queríamos rodar en coherencia con la idea que estamos retratando, el viaje ha sido largo. Han pasado 6 o 7 años desde que comenzamos con la idea y buscamos las ayudas.

¿Qué sensación le gustaría que dejara la película en el público tras la proyección?

Emocionalmente, no lo sé, pero el objetivo que nos ha guiado es que se pongan sobre la mesa estas voces que no se están teniendo en cuenta. La violencia machista no se centra exclusivamente en la pareja y hay muchas víctimas que son niños y niñas. No hace falta que la sufran directamente, física o sexualmente, para ser considerada violencia.