Protagonista Marta Díaz de Lope Díaz
Reivindicación y memoria se citan en el nuevo proyecto de la rondeña Marta Díaz de Lope, un relato que le marca un gol a décadas de desigualdad
Tamara Harillo
La historia está basada en el primer partido de fútbol femenino que se disputó, en pleno franquismo, en el madrileño campo del Boetticher. ¿Cómo llega a ese acontecimiento y qué le atrajo de ese momento?
La idea me la propone el productor Jesús Ulled, a raíz de una noticia que había leído en el periódico sobre la inauguración de un polideportivo en un barrio de Madrid con el nombre de una de esas pioneras. Investigó un poco y le llamó la atención esta historia. Se puso en contacto conmigo y me propuso montar algo. En cuanto empecé a documentarme, vi que me interesaba mucho y tuve esa libertad para plantear una película a mi manera. Yo siempre he escrito sobre solidaridad entre mujeres, y en este caso había unos hechos reales que daban para crear una historia con tintes superemocionantes y que reflejaban una época que me apetecía traer a la actualidad. Es una película que va mucho más allá de lo deportivo. Habla de romper los moldes, del camino hacia la libertad que ha tenido que hacer la mujer en todos estos años. Es una película muy emotiva.
Háblenos del proceso de documentación. ¿Qué ha descubierto que le llame especialmente la atención?
Sinceramente, todo lo que iba encontrando. Al ver tanto material sobre estas mujeres y sobre la época, ya que esto sucede con Franco aún firmando sentencias de muerte, me impresionó mucho el contexto. La Sección Femenina tenía un papel muy importante sobre lo que tenía que ser la mujer en esa época. Había reportajes del NO-DO sobre estas chicas y los comentarios eran humillantes. Cuando empecé a documentarme hubo una parte de indignación que creo que sirvió de motor a la hora de escribir la película.
Al hablar de memoria histórica, solemos centrarnos en grandes nombres, pero muy poco en mujeres anónimas. ¿Hay ahí una reivindicación?
Total. Estas chicas eran muy jóvenes, de barrios populares de Madrid y de otras partes de España. No tenían ninguna sensación de ser heroínas ni de estar haciendo algo grande. No eran conscientes de lo que estaban enfrentando ni de lo que supondría. Eso me parecía muy bonito. Lo tuvimos muy en cuenta a la hora de escribir la película: intentar transmitir esa ingenuidad. Era vital homenajear a estas mujeres anónimas que plantaron esa primera semilla para que el fútbol femenino y para que la mujer en general pudiera avanzar.
Han pasado más de 50 años. ¿Cuánto hemos cambiado?
Documentándome me sorprendió descubrir que jugadoras de distintas generaciones habían recibido exactamente los mismos insultos. Creo que ese sentimiento se ha trasladado a la película y puede hacer que la gente empatice. Nos recuerda que los derechos son adquiridos y que tardan poco en desaparecer. Estamos en un momento muy crispado, donde hay voces que remiten a tiempos muy oscuros. Una historia que sucede hace más de 50 años está de máxima actualidad. Es importante recordar de dónde venimos para saber por qué tenemos que seguir luchando.
La película llega en un momento especialmente bueno para el fútbol femenino y también para el cine hecho por mujeres. ¿Ve paralelismos entre ambos?
Me ofrecieron el proyecto en la primavera previa a que la selección femenina ganara el Mundial. Fue una casualidad increíble. Yo ya estaba escribiendo la película en el verano de 2023 y lo viví de una manera muy especial. El fútbol femenino está en un momento maravilloso y seguro que va a seguir creciendo. En cuanto al cine, llevamos bastantes años luchando para que haya más directoras y productoras, también en los departamentos técnicos. Recuerdo que en mi promoción en la ESCAC éramos solo dos directoras de doce alumnos. Luego he seguido dando clases allí y cada año he visto cómo el número de directoras iba subiendo. Es un reflejo de que cada vez la mujer va teniendo más puestos de responsabilidad, pero todavía tenemos que seguir avanzando.
Esta es su tercera película. ¿Ha sido muy distinta respecto a sus otras propuestas? Aquí ha trabajado con un casting muy joven.
Ha sido diferente en muchas cosas, aunque he mantenido la misma ilusión. Yo venía trabajando con actrices con mucha trayectoria y encontrarme con un grupo de chicas jóvenes ha sido un soplo de aire fresco. He aprendido mucho de ellas y han hecho piña. Para algunas era su primer proyecto de esta envergadura. Me lo han puesto muy fácil desde el principio. Comenzaron a entrenar antes incluso de ensayar, a jugar al fútbol entre ellas y con el entrenador. Tenían muchísima ilusión, les motivaba la historia y entendieron muy rápido lo que queríamos hacer.
Hoy presenta este proyecto en el Festival. Para usted, ¿Málaga es jugar en casa o le añade un extra de presión?
Un poco las dos cosas. Me hace muchísima ilusión estar aquí, tengo muy buenos recuerdos del paso de ‘Mi querida cofradía’ y también con ‘Los buenos modales’. Me hace muy feliz volver, estoy deseando ver cómo la recibe el público. Mi expectativa en el Festival es compartir la película, llevamos años trabajando en ella y estoy deseando que la gente la vea. Vengo con toda la ilusión del mundo.