Protagonista Fernando González Molina
La versión libre de ‘Mi querida señorita’ ha sido para su director, Fernando González Molina, una reverencia actual a este clásico del cine español
Carmen Escalante
Llega a la competición oficial con la adaptación de un título de gran carga simbólica dentro del cine español. ¿Qué ha supuesto para usted afrontar este proyecto?
Ha supuesto un desafío enorme. Siempre que analizábamos la posibilidad de trabajar en esta versión o adaptación libre, que considero que lo es más que un remake, en primer lugar era para hacer un homenaje a la película original. Trabajar desde hacer una reverencia a una película que es historia del cine español. Pero también hemos querido arrojar luz sobre la identidad intersexual del personaje protagonista. La película original, es absolutamente hija de su tiempo, del año 73, pero dejaba algunas sombras. Desde 2026, podíamos recontar la historia de ese personaje desde un lugar donde pusiésemos el acento en cosas que no estaban contadas tan explícitas en la película original. Además de ese desafío, me atrajo el poder visibilizar el colectivo intersexual que dentro de LGTBIQ+ es quizás del que se sabe menos. También me atrajo, aunque yo no sea una persona intersexual, la oportunidad de contar una historia sobre un recorrido que hemos hecho muchas personas del colectivo LGTBIQ+: de autoaceptación, de conocer nuestra identidad, asumirla, transitarla y celebrarla. Tanto los productores, Javier Calvo y Javier Ambrossi, la escritora del guion, Alana S. Portero, como yo, pertenecemos al colectivo y tenemos una sensibilidad especial a este tema. Nos parecía un punto de partida muy interesante la historia de Adela para también contar un poco nuestra historia.
¿Qué cree que le puede aportar a las nuevas generaciones que no han conocido la obra original?
Sin duda, un conocimiento profundo sobre lo que significa ser intersexual. Claramente es algo sobre lo que falta mucha pedagogía. También creo que la película se acerca a la historia de Adela desde un lugar que es fácilmente extrapolable a cualquier tipo de condición, ya no sexual o identitaria, sino casi a cualquier condición vital. Porque al final es un viaje de autoaceptación, de búsqueda del amor propio, de poder encontrar tu lugar en el mundo, de transitar ese lugar, encontrar el camino correcto para que no te hagan daño y te ayuden a hacer ese recorrido atravesando las relaciones familiares y amistosas. Todos estos temas de la peli son absolutamente relevantes a día de hoy. Incluso a la gente que haya visto la película original le va a aportar un enfoque desde 2026, que no pretende ni igualar ni compararse a la película original, pero sí aportar una mirada nueva.
¿Cómo fue el casting y qué tipo de trabajo emocional hizo con la protagonista de la película para abordar un personaje tan complejo?
Ese ha sido el otro gran desafío de la película. En 2026 había que hacer ‘Mi querida señorita’ con una actriz intersexual, que compartiera con el personaje esas circuntancias y ese viaje. A partir de ahí fue un desafío hacer una búsqueda durante meses con las directoras de casting, Eva Leira y Yolanda Serrano, hasta encontrar a Elisabeth, la persona que protagoniza la película. Elisabeth no es actriz, ella no se dedica a esto, es la primera vez que se acerca a este mundo, pero a la vez tiene una capacidad empática, de emoción e interpretación brutal.
A raíz de encontrarla, el trabajo con ella fue delicado y complejo porque aunque Adela y Elisabeth no son la misma persona, de algún modo sí comparten mimbres emocionales, vitales. Son cercanas sus historias y había que abordarlo con cuidado intentando que la película también fuera para Elisabeth una manera de poder expresarse y contar hasta donde ella quisiera contar, aunque interprete un personaje. Para ella también era importante, o al menos me lo transmitió así, visibilizar al colectivo intersexual a través de la película y de ponerse al frente de ella.
Luego estuvo rodeada de intérpretes enormes tanto a nivel humano como profesional, como Ana Castillo, Paco León, Nagore Aramburu, María Galiana... que son personas profundamente empáticas que ayudaron a que Elisabeth sintiera que estaba viajando con ellos por la película.
Su primer largometraje ‘Fuga de cerebros’ le valió el premio del Público en este Festival. ¿Qué representa volver a Málaga para usted?
Recuerdo no ya sólo el premio, que fue un regalo, sino el pase de la película con el público. Me da hasta emoción recordarlo. Era mi primera película y ver a todo ese cine riéndose, vibrando con la película, se caía el Teatro... Yo tenía miedo, me dan terror los pases de las pelis, pero en ese estuve y estaré también en el de ‘Mi querida señorita’. ¡Es tan bestia la sensación del público en Málaga! Volver con una peli que tiene tanto que ver con mi historia, con mi mirada, con mi propia condición, con mi momento vital y que cuenta algo tan relevante es muy emocionante y estoy muy agradecido al Festival.
¿Qué aprendió de aquel primer gran éxito?
Para mí es terapéutico pensar que la única manera de dedicarse a esto es poniendo el corazón y todas las ganas en cada película. A veces las circunstancias hacen que vaya bien o no una película. Quiero pensar que cuando no vaya bien no será tan malo, para así liberarme y seguir contando historias. Ya simplemente con poder vivir de esto me doy por satisfecho. A partir de ahí, ya todo es regalo.