Protagonista Laura García Alonso
La cineasta Laura García Alonso debuta en el largometraje con un relato que enfrenta el deporte de élite con la cultura del rendimiento
Tamara Harillo
¿Qué significa para usted presentar su ópera prima en este certamen?
Para mí es un gran honor y siento muchísimo orgullo, sobre todo porque hace unos años fue seleccionado mi segundo corto, ‘Tormenta de verano’, que trataba una temática muy similar a la de la película. Me considero muy del Festival de Málaga. Además me gusta mucho, lo siento muy cercano. De verdad creo que es el mejor festival en el que podría presentarse la película. Está sensibilizado con la temática que trato, que no es agradable y supone un pequeño reto para el espectador. Así que estoy encantada.
En esta película vuelve a situar la salud mental en el corazón de la trama. En esa evolución respecto al corto, ¿qué le interesaba seguir explorando?
En el corto el punto de vista era el de la persona que cuida a alguien con una enfermedad mental. Aunque los dos proyectos tienen un contexto ficcionado, hay un vínculo personal con la temática. Tengo un familiar cercano con una enfermedad mental y quise retratarlo porque pensaba que era un tema que en el cine había sido tratado con cierto estigma o manipulación. Para esta primera película me propuse, aunque suponía un reto mayor, ponerme en la piel de alguien que sufre un brote psicótico. Me propuse que pudiésemos intentar entender por dónde pasa alguien que tiene una enfermedad mental. Ese es el mayor cambio. Y lo he insertado en un contexto de tanta autoexigencia y pasión como es el atletismo.
En el deporte de alto nivel, el discurso se centra en la superación constante. ¿Era importante retratar que la renuncia también puede ser una forma de victoria?
Así es. En la película la protagonista tiene que parar, aunque no sea lo que más le apetece, aunque suponga un cambio mayúsculo en su vida. A veces tenemos que pararnos y mirar. En un contexto de tanta autoexigencia, cuando algo así te pasa, lo que me parecía interesante era que pudiera extrapolarse a cualquier ámbito, más allá del atletismo. Como cineasta también considero que mi trabajo requiere mucha exigencia y últimamente mucha competición. Mi voluntad era que el espectador pudiera reflexionar acerca del estilo de vida que lleva y si es necesario, a veces, parar y tomar aire.
¿Podríamos decir que esta es una película sobre la lógica del rendimiento que atraviesa nuestra actualidad?
Vivimos en una sociedad ultracompetitiva, ultraexigente, pero no por ello hay que demonizarlo todo. Es apasionante dedicarse a algo que realmente te gusta. Pero eso no quita que a veces podamos entrar en dinámicas que nos causen cierta toxicidad. Podría estar trabajando en un estudio de arquitectura o estudiando matemáticas y también pasarle. Y probablemente, en un suceso así, además del tratamiento médico, tendría que pararse y pensar de la misma manera.
La protagonista es una mujer. ¿Tiene que ver esto con una exigencia añadida?
Que sea una mujer es un extra de presión. Ha sido una decisión muy natural, porque yo soy mujer y quería que la protagonista lo fuera. No hay un comentario social directo, pero evidentemente tiene una carga añadida. Una mujer en un entorno deportivo tiene más presión, como en la sociedad en general.
La actriz Alba Sáez hace un recorrido emocional y físico muy exigente.
Ha sido maravilloso, sin ese trabajo la película no habría llegado hasta aquí. Estuvimos un año trabajando a nivel físico porque ella no sabía correr y tuvimos que contratar a un entrenador para enseñarle. Ha sido un desafío tanto para ella interpretarlo como para mí dirigirlo. Queríamos huir de ciertos clichés y representaciones habituales en el cine. Buscamos una manera realista, sincera, honesta y poco manipulada de retratar la enfermedad mental. Estuvimos trabajando hasta que llegó un punto en que ya entendía el personaje. Fue un proceso precioso de creación y estamos muy contentas con el resultado.
El cine, como el deporte de élite, es una carrera de fondo. ¿Cómo ha vivido este proceso?
A medida que escribía y preparaba la película me daba cuenta de las similitudes entre ambas disciplinas, el cine y el deporte son profesiones fascinantes. Hace falta tenacidad, seguir adelante, creértelo. Se le da mucha importancia al resultado, y eso tiene que ver con el rendimiento deportivo. Hay momentos en que los proyectos salen y puedes rodarlos, y otros en que no sabes si podrás hacerlo. Hay mucha incertidumbre. Una de las cosas que he aceptado o aprendido en este proceso es que la película no es algo rígido, sino que va mutando, va cambiando y se va construyendo poco a poco. Y en ese cambio está su belleza.