Protagonista Bàrbara Farré
Bàrbara farré compite con su primer largo, una oscura fábula sobre la identidad, la fragilidad del afecto y la necesidad de pertenecer
Tamara Harillo
‘Mala bèstia’ es su ópera prima. ¿Qué historia vamos a ver en ella?
Esta es la historia de Atenea, una niña que vive internada, cerrada a la idea de no hacerse mayor. Entonces, cuando por fin es acogida por una familia y descubre lo que es pertenecer, también se da cuenta de que el amor no siempre es incondicional. Es un proyecto que no nace de una idea muy clara, fue surgiendo desde la intuición, de algo mío a lo que yo todavía no sabía ni ponerle palabras. Fuimos poco a poco construyendo una historia que nos llevó a temas que realmente nos parecía importante tratar. Como te digo, no había una idea concreta. Yo creo que la historia vino a mí para enseñarme algo: aprender y poder mirar un miedo de frente al que yo quizá no le daba importancia, que es ese miedo a no pertenecer, a no encajar, a quedarte sola.
¿Y le ha servido?
Muchísimo, ha sido increíble. Hay una Bàrbara antes y después de esta película. Al final creo que la historia me ha llevado a un lugar donde ya no soy la misma. He crecido mucho a nivel personal.
Entonces, ha sido un proceso catártico.
Totalmente, a pesar de que esa no era mi intención. Parece que, cuando haces tu primera película, la mayoría de directoras tienen muy clara la historia que quieren narrar, pero yo no tuve esa sensación. Fue más como que la historia vino a mí a contarme algo, a enseñarme algo, y lo bonito es que lo ha hecho.
Atenea vive obsesionada con no crecer. En una sociedad que idealiza la juventud, pero que también nos obliga a madurar a marchas forzadas, ¿cómo aborda ese tránsito entre la infancia y la adolescencia?
Atenea vive en un entorno muy limitado, porque está internada. Para ella, crecer significa perder la posibilidad de tener una familia. Tiene que atravesar ese proceso justo cuando está creciendo, cuando su cuerpo cambia, cuando deja de ser niña para ser mujer sin saber todavía lo que significa ser mujer. A mí me interesaba preguntarme no solo si es posible crecer en unas condiciones que te limitan tanto, sino también a qué miedos nos enfrentamos cuando dejamos de ser niños.
Además del miedo a crecer, está el miedo al reemplazo. ¿Cómo nos marca esa inseguridad hoy, en un mundo donde sentimos que somos fácilmente sustituibles?
Intentamos comportarnos desde esa necesidad constante de encajar y encontrar nuestro sitio. Y muchas veces perdemos la esencia de quiénes somos. Para mí, esta película hace un viaje hacia descubrir quién eres enfrentándote a tus miedos, sin tener miedo a que te dejen de mirar por no ser como te dicen que debes ser.
La película está narrada en clave de fábula. ¿Qué le aportan esos elementos de género a la historia?
Cuando eres niña y empiezas a cruzar el umbral hacia la adolescencia, hay muchas cosas que no sabes nombrar. La fábula me permite jugar con la imaginación, con lo que imaginas que será ser mujer, y no tener una verdad absoluta. Permite viajar a través de las sensaciones y de las ideas de la protagonista.
Solemos romantizar la infancia. ¿Nos hemos olvidado de que también puede ser un territorio oscuro?
Yo tengo claro que en la adolescencia hay mucha oscuridad. Siempre se nos dice que los niños son buenos, que todo es brillante, y creo que no siempre es así. También está bien empezar a contar historias de una infancia que no siempre es bonita, pero que se puede atravesar. No siento que esté muy romantizada, porque cada vez hay más referentes que hablan de una infancia más rota.
También ha asumido la producción de este largometraje, que llega después de varios trabajos. ¿Cómo ha sido el proceso?
Empecé haciendo cortometrajes, pero en ese momento todavía no sentía que hubiera encontrado mi voz. Y hacer ficción es un camino muy lento. Necesitaba seguir explorando vías artísticas y me dediqué al videoclip. Este ha sido un proceso complejo, pero muy bonito. Producir te permite proteger el proyecto, algo importante en una ópera prima. Recibes muchas opiniones y a veces puedes perder la noción de lo que realmente quieres contar. Producirla me ha permitido proteger esa mirada, y he tenido la suerte de contar con productores que han apoyado mucho mi forma de dirigir y de contar historias.