Protagonista Natalia Oreiro
La actriz Natalia Oreiro recibe la Biznaga de Honor por su larga trayectoria de éxitos en la pequeña y gran pantalla
Carmen Escalante
Recibe en Málaga la Biznaga de Honor y además protagoniza ‘La mujer de la fila’, película en Sección Oficial. ¿Qué representa para usted todo ello?
Una gran alegría. De niña viví dos años en Málaga, de los 6 a los 8 años. Fui al colegio en Torremolinos, mis padrinos vivían allí. Regresé en un par de ocasiones, pero ya hace más de veinte años que no vuelvo. El Festival ha cumplido un sueño de mi infancia, pues desde chiquita supe que quería ser actriz. Y regresar con una película tan hermosa y este reconocimiento a la par, es un ‘combo’ sentimental y profesional muy importante..
En esta película a concurso interpreta a una mujer de clase media de Buenos Aires cuya vida se vuelve una pesadilla cuando su hijo de 18 años es detenido. ¿Cómo ha construido el personaje?
Lo que hice fue entregarme al cien por ciento emocionalmente. Con los años comprendí que mi verdad personal está al servicio de la verdad de otras mujeres y que soy un canal de interpretación. No tengo que hacer un esfuerzo por despegarme de mi forma de sentir y emocionarme. Cuando conocí Andrea, la mujer en la que está inspirada la película, y a las mujeres de la fila, me di cuenta que a todas nos puede pasar tener un familiar en la cárcel. Y cómo uno aborda ese prejuicio de creer que nunca le va a pasar. No hubo tanto ensayo sino que el proceso consistió en juntarme con las verdaderas mujeres de la fila a sentir y a compartir, a transitar ese dolor que es un dolor social. Es una película que te atraviesa por tratar una realidad de tantas personas que tienen un familiar en la cárcel. Y sobre todo son mujeres quienes visitan a sus famliares, en el 99 por ciento de los casos. Las familias que tienen personas privadas de libertad viven además esa sensación de castigo, como si también hubieran cometido el delito por el que están presos sus familiares. Hay un momento en que mi personaje dice “todos estamos presos con vos”, no solo desde lo emocional, sino también por cómo la sociedad les juzga.
Empezó muy joven en televisión, en una época en la que la ficción argentina tenía una enorme proyección internacional. ¿Qué le enseñaron esos primeros años?
En aquel momento todo pasó con tanta determinación que no hubo otra forma de hacer las cosas. Me fui muy joven, con 16 años, de Uruguay a vivir a Argentina. Tengo que agradecer de por vida a mis padres que no quisieran interferir en ese camino y me brindaran la libertad de ir tras él. Ahora que soy madre me doy cuenta de que, claramente, era una niña. Pero la vocación se me despertó siendo muy pequeña. Quizás la parte negativa es la de no quemar etapas y que ser anónimo en la juventud y en la adolescencia es un bien muy preciado. Repetiría mi camino, sin duda, pero no recomendaría a alguien tan joven tener el nivel de exposición que yo tuve cuando comencé a trabajar con 12 años.
Hubo algún momento en el que sintiera la necesidad de romper con esa imagen para que le tomaran en serio como actriz?
Comencé haciendo personajes muy carismáticos en televisión, no muy lejanos de mi personalidad. Era una impronta personal que en parte me molestaba, hasta que una gran actriz argentina, Lydia Lamaison, me dijo que no me peleara con eso, que lo agradeciera. Y que el carisma es un don con el que uno nace, todo lo demás se aprende. Así que lo abracé y busqué mi camino de profundidad actoral.
Con el tiempo eligió proyectos más arriesgados y personajes más complejos...
Busqué personajes que tuvieran algo para decir, mujeres atravesadas por situaciones que puedan darle voz a muchas personas, mujeres silenciadas. Incluso hice una parada en mi carrera musical para tener opción a ello. Y así aparecieron películas como ‘Infancia clandestina’, ‘Wakolda’ o ‘Francia’, que me dieron la posibilidad de que el público o los productores me vieran como actriz dramática. Luego todo eso se normalizó.
¿Alguna vez sintió que el éxito como cantante eclipsaba su trabajo como actriz?
Claramente. Desde los personajes y los videoclips que yo creaba había un eclipse para la actriz dramática despojada. El público me veía con personajes como el de ‘Infacia Clandestina’, una madre guerrillera de la dictadura argentina, y de repente me veían en un videoclip en MTV enfundada en latex cantando ‘Tu veneno’. Para la gente era como ver dos personas distintas, aunque yo era la misma. Sigo siendo muy ecléctica en mis gustos, no tengo nada de prejuicios en el arte, pero en ese momento era muy llamativo. Ahora por suerte creo que se han perdido esos prejuicios para las nuevas generaciones.
¿Y de su larga trayectoria, cuál es el personaje que más la transformó?
La protagonista de ‘Infancia clandestina’, también de Benjamín Ávila, por ser una película bisagra en mi vida. Otra fue ‘Gilda’ sobre la cantante de música tropical argentina. Y añadiría ‘Wakolda’, de Lucia Puenzo, por su temática tan fuerte o interpretar a Eva Perón en ‘Santa Evita’. Y sin duda, la protagonista de ‘La mujer de la fila’.
Si hoy pudiera hablar con la Natalia que recién empezaba, ¿qué consejo le daría?
Que respire un poco más, que hay tiempo para todo y que confíe en ella. Crecer tiene que ver con una constante evolución. Yo todo el tiempo me estoy preguntando si soy feliz con lo que he elegido, qué persona quiero ser, que mis actos en lo personal y profesional me identifiquen y me enorgullezcan. Siento que cuando era más joven era más segura de mí misma, aunque tuviera cosas en contra. Pero la abrazaría y le diría: “sigue confiando en ti, disfruta de los procesos, escucha más”. Es muy importante saber escuchar, en una escena es incluso es más rico que ser la persona que trae la noticia. Mi mirada en el cine, la mirada con verdad, es en lo que más me apoyo interpretativamente. Cuando era más joven me apoyaba más en la palabra. En la adultez le doy más importancia a lo no dicho que a lo dicho. Y en general en la vida.