Protagonista Víctor García León
Víctor García León regresa al Festival con una comedia en la que genera incomodidad para hacernos reflexionar sobre la educación
Carmen Escalante
Es ya un histórico de este Festival y vuelve directo a la Sección Oficial compitiendo con su nueva película. ¿Cómo es su relación sentimental con Málaga?
En Málaga eché los dientes porque mi primera película que es del 2001 la estrené allí así que me habéis criado.
Cuando buscamos colegio para nuestros hijos afloran nuestras proyecciones, pero también nuestras contradicciones...
Esta historia comenzó porque Marisa Fernández Armenteros, una de las productoras, llegó un día con una noticia del periódico en la que habían matado, en un colegio laico y muy elitista, a uno de los padres que llevaba a sus hijos allí. Luego se supo que lo habían acribillado unos sicarios porque era narcotraficante, porque los narcotraficantes también llevan a sus hijos al colegio. Ella pensó en las contradicciones y aspiraciones de la clase media y la clase alta. Gente que va a un colegio privado pero no lo puede pagar y otra que va a un colegio público, pero se siente que maleduca a sus hijos y aspira a otra cosa. Justo en ese momento yo tenía a mis hijos en un colegio privado que no podía pagar y ella estaba hablando de mis propias contradicciones. Y pensé en maldita la gracia que tenía lo que decía, pero por otro lado era muy interesante, porque ahí estaba yo retratado. También Borja Cobeaga, que escribe el guion conmigo. Nos hizo pensar que elegir colegio para tus hijos e hijas hace aflorar tus proyecciones y miserias, que son muchas y variadas.
¿Ve mucha diferencia entre la generación de sus padres con respecto a la educación de los hijos y su propia generación?
Cuando pienso en mis padres, y tengo algún reproche, pienso en la infancia que le dieron mis abuelos. Y cuando pienso en mis abuelos, pienso en la infancia que le dieron mis bisabuelos. Y si vas para atrás piensas que bastante bien lo estamos haciendo. La escalera es tremenda. Todos tenemos reproches con nuestros padres y nuestros hijos tendrán reproches con nosotros. Creo que hay que entender que este país viene de donde viene, y nuestros abuelos se educaron en plena posguerra, no podían tener los criterios que tenemos nosotros. Hicieron lo que pudieron y bastante fue.
Usa la comedia para explorar temas profundos como la identidad, la clase social y la paternidad...
Bueno, hice la película para que la gente que va buscando más capas de lectura pueda disfrutarla. Pero que si alguien sólo quiere una comedia divertida, también se lo pueda pasar bien. Que no sea un tomo ilustrado de algo muy pesado, sino que se disfrute como una comedia y si hay alguien quiere más profundidad pues ahí está para sacarla.
¿Cómo ha sido trabajar con Borja Cobeaga?
Ha sido muy entretenido. He de decir que me dedico a algo donde me lo paso muy bien, aunque como se enteren los productores probablemente nos bajen el sueldo. Borja es divertidísimo y es probablemente de los tíos más listos, generosos y ocurrentes que he conocido nunca. Me lo llevaría a casa.
¿Se siente más realizado cuando su cine incomoda o cuando emociona?
No le pides a un carpintero que use sólo una herramienta, las usas todas. Hay una cosa que me gusta mucho, que es generar cierta tensión en las películas por el camino que sea. La incomodidad me produce una tensión que me gusta mucho, porque creo que ahí hay mucho humor. Cuando cuentas un chiste muy gracioso y le das verdad, y un aliento trágico, lo que generas es incomodidad. Gran parte de los chistes, si los cuentas en serio, ves que lo que hay detrás es alguien que sufre. En ese punto de tomarnos el humor en serio creo que llegamos a un punto muy particular que a mí me divierte mucho. Es verdad que es un poco incómodo, pero es una incomodidad que se disfruta, o espero que se disfrute.
Háblenos de los actores ¿Cómo ha sido trabajar con ellos?
Teníamos el miedo terrible de hacer una comedia muy obvia pero al mismo tiempo que tuviera gracia y creíble. Viendo el reparto dijimos: vamos a coger actores que a priori no hayan hecho comedia. Que sean conocidos por su versión trágica para que el público se los encuentre en una comedia que no se espera. Entonces, cuando elegimos a Marián Alvarez e Israel Elejalde, yo estaba un poco asustado. Pensaba a ver si estos van a meterse en un momento introspectivo para decir cada frase. Pero en cambio me encontré a dos payasos divertidísimos y me lo he pasado genial. Igual que con Juan Diego Botto y con todos los demás: han sido muy generosos.
¿Qué conversación le gustaría que tuviera el público al salir de la sala?
El debate que hay después seguro tiene que ver con las paternidades y los colegios. Con nuestros miedos y nuestros principios. Me gusta que las películas reflejen lo que tiene que ver con nuestra vida más que con el cine.