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“Combinar cine de autor y éxito de público implicó asumir un riesgo”

“Combinar cine de autor y éxito de público implicó asumir un riesgo”

Protagonista Mariano Cohn y Gastón Duprat

11.03.2026 - 00.01

Ls directores argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat reciben hoy una Biznaga de Honor en reconocimiento a su carrera cinematográfica

Carmen Escalante

Biznaga de Honor acompañada de una retrospectiva a vuestra filmografía. ¿Cómo recibieron la noticia? 

Gastón Duprat (G.P.): Nos puso muy contentos porque si bien estamos “en funciones” como directores y creadores, fue muy grato recibir la noticia. Es un festival que queremos muchísimo. Aquí fuimos premiados hace casi veinte años a mejor documental con ‘Yo, Presidente’.

Mariano Cohn (M.C.): Esa película fue la primera que hicimos y que se estrenó en los cines. Se grabó en vídeo y se hizo un transfer en 35mm., mira la antigüedad que tiene.

Lograron algo poco frecuente: combinar cine de autor con éxito de público. ¿Cómo han conseguido esa fórmula? 

G.D.: Es el mejor de los mundos. Nos gustan películas o manifestaciones culturales populares, sin que por ello pierdan sofisticación, complejidad o profundidad. Lograr combinar cine de autor y éxito de público implicó asumir un doble riesgo artístico y comercial. Eso fue lo más difícil y audaz.

M.C.: Al final construimos un estilo propio. No somos cineastas matriculados ni productores de televisión o cine. Somos más ‘outsiders’ del universo cinematográfico. Fue la construcción de un diálogo con los espectadores que empezó con ‘El hombre de al lado’, ‘El ciudadano ilustre’, ‘Mi obra maestra’ y ‘4x4’, y ha seguido presente hasta hoy.

Una relación profesional de más de 30 años, desde el video experimental hasta las comedias dramáticas de proyección internacional. Tras tanto tiempo juntos, ¿discuten mucho?, ¿quién suele tener la última palabra? 

M.C.: Tabajamos en equipo, y además de socios somos amigos. Tenemos muchos gustos en común y una producción muy vasta en conjunto. Unas cosas las lleva Gastón y otras las llevo yo. Para nosotros el intercambio, el debate y la discusión son muy enriquecedores. No tiene prioridad la idea de uno sobre la del otro, queda la mejor idea posible.

G.P.: Lo habitual es un solo director para una película, pero, al ser dos, te obliga de alguna manera a defender tu posición. El verticalismo que existe en el cine, donde el director es la autoridad en el set y no se le discute, a veces trae buenos resultados, otras no. El propio sistema impone una ausencia de debate. Además, no somos dos, sino tres, con nuestro guionista de siempre, Andrés Duprat. 

Desde ‘El artista’ hasta ‘Competencia oficial’ o ‘El ciudadano ilustre’ hay una fijación con el mundo del arte, el ego y el prestigio. ¿Es una crítica al sistema cultural o una autocrítica encubierta?

M.C.: Yo creo que es más un autorretrato que una crítica, porque esos universos son comunes a nosotros: el mundo del arte, la literatura, el cine. Andrés, nuestro guionista, es comisario de arte y actualmente es el director del Museo nacional de Bellas Artes, el museo más relevante de Argentina. También viene de ese lado la temática. Además, en el mundo del arte se ven amplificadas y subrayadas ciertas conductas sociales que nos interesan exponer. 

El humor en su cine es incómodo. ¿Creen que el humor es una herramienta política?

G.D.: Cuando escribimos las películas no decidimos hacer una comedia con más o menos humor. El tono que se ve a lo largo de las películas y series que hicimos responde a nuestra visión de la realidad. No hay que adicionarle demasiada fantasía a una situación extraída de la realidad para que resulte humorística. Nuestro tono es cercano a la “real realidad”, donde muchas cosas pueden resultar insólitas, graciosas o incómodas de forma involuntaria y eso lo trasladamos a las películas.

¿Hubo algún punto de inflexión en vuestra carrera?

G.D.: Empezamos en televisión con un programa que se titulaba ‘Televisión abierta’, en el año 1998. Televisión muy experimental, muy loca, muy extrema formalmente. Fue el primer reality  del mundo. Era como Youtube en la televisión en abierto, solo que siete años antes de que existiera Youtube. Y eso fue un gran punto de inflexión. También ‘El ciudadano ilustre’, hecha tan artesanalmente y que logró destacar en el Festival de Venecia, recibió un Goya, se hicieron remakes...

M.C.: Sin olvidar ‘El hombre de al lado’, una película muy pequeña y esencial, que logró un gran recorrido y mucho público; también se hicieron remakes en otros países. Tiene muchos tópicos sobre temas, como la estética y la puesta en escena, que luego desarrollaríamos en futuras películas y series. 

Porque también han dado el salto a las series y las plataformas. ¿Qué cambia al contar una historia en formato de serie frente a una película?

MC: Lo más difícil ha sido extrapolar ese estilo autoral de nuestras películas a las series, pues son un artefacto industrial mucho más grande. Participa más gente y si uno no tiene claro lo que quiere hacer se puede llegar a perder el control del contenido, del tono artístico. El desafío más grande era seguir manteniendo esa identidad. Estamos muy orgullosos de series como ‘Bellas Artes’, ‘El Encargado’ o ‘Nada’, donde no hemos sido en absoluto condescendientes con el contenido y han sido masivas.

¿Y qué les dirían a las nuevas generaciones de cineastas?

G.D.: Se debe apoyar y ayudar a los directores del futuro. Empezar es lo más difícil, así que en esa etapa crucial tienen que recibir apoyo. Pero eso no debería ser un límite para alguien que quiera hacer una película. Hicimos ‘El ciudadano ilustre’ sin equipo técnico porque el presupuesto no alcanzaba. Mariano estaba con la cámara al hombro y yo con la ‘caña del micrófono’. No había luces y la cámara que usamos era una cámara autofoco  para filmar casamientos. Y esa película tuvo un gran recorrido internacional. 

M.C.: Ahora se puede aprovechar la tecnología, la capacidad técnica de los teléfonos o cámaras pequeñas de una calidad extraordinaria. Tendría que prevalecer el ímpetu de hacer películas como sea. 

En ‘Competencia oficial’, que hoy se proyecta, miraron al cine como industria de vanidades. Ahora que reciben un premio honorífico, ¿qué opinan de los premios?

G.D.: El premio va a ir directo a la trituradora que usamos en la película, que aún conservamos [risas].