Protagonista Maryam Touzani
Maryam Touzani inaugura el Festival con una película que rememora la calle de su infancia en Tánger y rinde homenaje a su origen español
CARMEN ESCALANTE
‘Calle Málaga’, tras su paso por otros festivales internacionales, llega para inaugurar el de la ciudad que le da nombre ¿Cómo lo está viviendo?
Yo no creo en las coincidencias y creo que es muy bonito que ‘Calle Málaga’ se encuentre con su público español en este festival participando en la Sección Oficial y siendo la película inaugural, siento mucha emoción.
¿Qué simboliza esa calle dentro de la historia?
Pues es la calle donde creció mi madre y mi abuela vivió muchos años ahí. Es una calle que en mi memoria siempre ha tenido un sitio muy especial. El nombre de la calle está escrito en árabe, francés y español y sigue así existiendo en Tánger. Ese nombre es además una manera de reapropiarme de mi pasado y mis recuerdos y mantenerlos vivos a través de la película. ‘Calle Málaga’ habla también de ese encuentro entre culturas y de esa convivencia. También quería hablar de esa comunidad española en Tánger que muy poca gente conoce y de la que formaba parte mi abuela, sus amigas y amigos. En principio, se casó con un señor español con quien tuvo tres hijos y cuando falleció conoció a mi abuelo marroquí, con quien se casó y tuvo otros tres hijos y vivieron todos juntos. ‘Calle Málaga’ cristaliza ese vínculo y mantener viva esa memoria.
¿En qué momento esa memoria personal se convierte en una historia que llega a ser universal?
En el momento de la necesidad creativa de escribir cuando perdí a mi madre inesperadamente, hace tres años. Para mí ella era ese vínculo con España. Cuando yo nací mi abuela española ya vivía con mis padres en esa calle y se hablaba español y se oía música o se comía comida española. A través del idioma era como sentirla a mi lado, por eso escribí la película en español. Y esa realidad se convirtió en una ficción para hacerme preguntas sobre la pertenencia, sobre el envejecer, sobre temas que me tocan profundamente.
La protagonista redescubre el deseo en una etapa de la vida que el cine casi nunca refleja. ¿Qué le interesaba explorar sobre el amor y la libertad en los mayores?
A mí me parece que hay algo muy injusto en la manera en la que se trata la vejez en nuestra sociedad, como si fuera un final, como si al volvernos mayores en vez de ganar interiormente, perdiésemos algo de quienes somos. Yo creo que la vejez enriquece y avanzar en la edad es bello. Cada arruga o mancha que se marca en nuestra piel son marcas de la vida que hemos saboreado y que se tiene que poder celebrar. En nuestra sociedad se esconde la vejez; se borra como si fuese algo que no quisiesemos ver y en el cine incluso más. Los cuerpos envejecidos nunca se enseñan. Yo quería celebrar las huellas del tiempo sobre esos rostros y cuerpos, y decir que tenemos la libertad de envejecer como queramos y como podamos, y no como nos quieren imponer, no según las expectativas de los otros. El amor y el deseo que se celebran cuando somos jóvenes tienen que seguir celebrándose cuando envejecemos. Hay un verdadero tabú en torno al deseo en la vejez, a la sensualidad y sexualidad. Yo quería que la protagonista rompiera todos esos moldes en los que se mete a las personas mayores, que defendiera seguir disfrutando de su cuerpo y gozando y poner palabras a ello.
¿Qué encontró en Carmen Maura que le hizo pensar que era la actriz perfecta para ese personaje?
La intensidad que yo imaginé escribiendo a María Ángeles, el deseo de vivir, esa chispa natural que tiene en los ojos. Carmen es una persona que ama la vida como la protagonista y el encuentro entre ambas se hace natural, tienen la misma energía de vida. Y además Carmen refleja en sus ojos la niña pequeña que fue, la mujer más joven seductora y la señora mayor espléndida que es hoy. Envejecer es aceptar, dejar vivir todas esas partes de quien hemos sido antes. Y luego el deseo en ella de encontrar la verdad del personaje. Carmen quería profundamente comprender quién era esta mujer, de dónde venía y el vínculo que tenía hacia su ciudad. Y se vino semanas antes del rodaje a investigarlo en Tánger.
Además de en festivales, fue seleccionada para representar a Marruecos en los Óscar. Usted y su marido, también productor de esta película, Nabil Ayouch, han contribuido a que el cine marroquí tenga más visibilidad. ¿Cómo ve estas coproducciones y el momento del cine en Marruecos?
Actualmente, el cine marroquí está produciendo películas importantes, porque cuentan historias personales, porque cuentan el país desde el interior. Los cineastas emergentes actuales, hombres y mujeres, se dan esa libertad y cuentan historias desde el corazón sin límites. Hay mucho talento y también tenemos la suerte de tener el Centro de Cine Marroquí (CCM), que apoya estas nuevas voces y que ayuda a financiar proyectos nuevos.
¿Qué espera de su paso por Málaga y cómo le gustaría que la película conecte con los espectadores?
Es un momento muy importante, la película se ha proyectado en otras partes del mundo con públicos diferentes, pero Málaga es el vínculo con la historia personal. Es el primer contacto real con el público español y eso va a ser incomparable. Tengo mucha emoción, además, porque será el encuentro con mi familia española, que va a estar ahí: la mayoría vive en Estepona. Que mi tía Mari Carmen de 86 años venga es muy emotivo. Y el momento del intercambio con el público lo espero con mucha emoción para ver cómo sienten esta película.