Protagonista Ian de la Rosa
Ian de la Rosa presenta en competición un liberador romance de una pareja de jóvenes que trabaja en los invernaderos almerienses
Jesús Zotano
Suponemos que estará deseando que ‘Iván & Hadoum’, que ya ha cosechado sus primeros éxitos en la Berlinale, llegue finalmente al público español.
Pues sí, la verdad. Tengo muchas ganas de que la vea el público español y que se estrene en Málaga, de donde es el protagonista, Silver Chicón. El Festival de Málaga es una referencia en Andalucía y en España, y es todo un lujo y un privilegio estar ahí. Buena parte del elenco y el equipo de la película somos andaluces y estaremos arropados por la familia y amigos. Así que, deseando escuchar ese acento almeriense de la película en el Festival.
Acento que, dicho sea de paso, es un valor más de la película.
Contamos con Isabel Ramírez Vázquez como coach de acento. Para mí, al haberme criado en Níjar, en la costa oriental de Almería, y habiendo escuchado ese acento desde pequeño, era muy importante poder verlo representado. Es un acento que cuesta mucho escuchar en ficción. Porque tiende a estandarizar el acento andaluz y, como todos sabemos, cada pueblo, cada zona de Andalucía, tiene su propio acento.
Esta historia moderna de Romeo y Julieta le ronda por la cabeza desde hace mucho tiempo. ¿Cómo ha sido el proceso hasta hacer la película?
Hace unos diez años que pensé por primera vez en este Romeo y Julieta entre invernaderos y almacenes. En estos últimos cuatro años ha sido cuando, sobre todo a partir de mi cortometraje ‘Farrucas’, con el que también estuvimos en Málaga, se intensifica todo. Y se empieza a ver que poder hacer esta película es una realidad y no solo un anhelo. La historia nace, como todo, desde varios impulsos: generar una defensa radical del amor y de deseo a través de esos cuerpos, que generalmente están infrarrepresentados, y mostrar a un tipo de personajes que tienen pocas oportunidades de salir en la gran pantalla. Como persona trans y como cineasta siento la deuda que tiene el cine con este tipo de personajes. También me interesaba contar una historia en la que lo transgénero no estuviera en el foco del conflicto ni fuera motivo de sufrimiento.
Hemos visto numerosas historias de dolor al respecto. Ya tocaba pasar página…
Precisamente se trata de eso. No sé si de pasar página, pero sí de dar un paso más. La vida, que es la mejor de las guionistas, siempre supera la ficción. Y la vida te presenta a las personas y las situaciones con muchas aristas, con muchas capas y desde diferentes prismas. No centrar el guion en el sufrimiento del personaje por ser trans, para mí es un reflejo de la vida que yo vivo: yo no estoy todo el día sufriendo. Puede haber momentos muy duros, pero la realidad es que ser trans es maravilloso y te ofrece la oportunidad única de poder elegir el tipo de persona que quieres ser. Como persona, más allá de como cineasta, creo que era necesario pasar página o dar ese paso. Necesitaba ver algo en lo que me sintiera reflejado en la pantalla. Pero, evidentemente, hemos podido llegar hasta aquí gracias a todas las películas que se han hecho. Después de mucha lucha, las personas LGTB, trans, queer…, estamos llegando a tener el privilegio de contar historias, como es mi caso. Y eso cambia inevitablemente la mirada.
Lo maravilloso sería, como hace en su película, no estar hablado de ello, precisamente.
Así es. Y seguramente dentro de dos años o menos ya no estaremos ahí. No será un tema de conversación. Ese sería mi deseo. Ojalá que esta película se quede vieja en unos años, porque eso significaría que ya lo hemos normalizado.
Aunque lo que refleja son temas universales, como el poder del amor, capaz de vencer presiones sociales, a la codicia, a todo lo que se interponga en su camino…
Si eres valiente y te atreves a mirar el amor de una forma honesta. Porque el amor es un sentimiento que tenemos todos los humanos: venimos del amor y todos queremos morir en amor. Al mirar al amor de frente, sin prejuicios y sin que te importe lo que digan los demás, encuentras, y eso es lo que queríamos contar, un amor transformador y revolucionario. Que empieza por una revolución personal que puede llegar a lo colectivo. Siempre tuvimos eso muy presente en esta historia.
Y todo ello sin abandonar Almería. Además, una Almería poco representada en el cine...
Almería era para mí lugar más orgánico al que ir a rodar mi primera película. Formaba parte de esa historia que comencé a pensar hace diez años. Tiene mucha similitud con lo trans. Por un lado, es una provincia mundialmente conocida por ser set natural de rodajes de spaghetti westerns, pero que siempre sirve para representar a otros lugares, otros países. Además de ser una tierra que hace de bisagra entre Europa y África, y que congrega diferentes culturas alrededor del trabajo. Almería cobija a los amantes de esta historia y a la vez le ponen todos los impedimentos. La película es también una carta de amor a Almería.