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Biznagas para morir de amor

Biznagas para morir de amor

15.03.2026 -

El Festival despide su 29 edición en una gala de clausura cargada de emoción y risas en la que los premiados en el palmarés recogieron sus galardones

Tamara Harillo

Tras nueve días de alfombras rojas y más de trescientos títulos proyectados, el Festival de Málaga cerró anoche su 29 edición en una gala en el Teatro Cervantes que se convirtió en toda una declaración de amor. Amor al cine, claro, pero también a las historias, a quienes las cuentan y a quienes se sientan frente a la pantalla para dejarse llevar por ellas. Porque obras son amores y qué mejor que demostrarlo en forma de películas que bien valen una Biznaga. 

El amor incondicional de los que cuidan a los que ni siquiera se acuerdan de cuánto te aman (‘Yo no moriré de amor’, Biznaga de Oro a la mejor película española) o el amor que nos sostiene cuando el mundo se desmorona, ya sea en medio de un bosque expoliado (‘El jardín que soñamos, Biznaga de Oro a la mejor película latinoamericana), o en un mar de invernaderos en Almería (‘Iván & Hadoum’, Premio Especial del Jurado). Incluso al amor propio que te hace desafiar siglos de desigualdad y marcarle un gol a las prohibiciones más rancias del franquismo (‘Pioneras. Solo querían jugar’, Premio del Público).

Al sentimiento más humano le cantó también, con la dulzura por bandera, la malagueña Pasión Vega, que nos regaló una personalísima versión de ‘Un año de amor’, como adelanto al concierto de cierre de mañana de Luz Casal. O, en un tono más festivalero, Tony Grox y Lucycalys, con un ‘T’amaré’ que llegó después de que los murcianos de Viva Suecia abrieran la noche al ritmo de su ‘Mala prensa’. Con complicidad y mucho humor guiaron la ceremonia las comunicadoras Elena Sánchez y Masi Rodríguez, que tuvo que superar un casting en directo, con momento musical incluido, para presentar esta clausura. Desde el escenario hilaron un guion que celebraba no solo los premios, también el carácter abierto del festival: un espacio donde conviven géneros, nacionalidades, miradas y generaciones, y donde el talento emergente ha encontrado uno de sus grandes trampolines. 

Se quisieron, y mucho, los asistentes al evento, protagonistas de una divertida ‘kiss cam’ que dejó momentos para el recuerdo. Y, cómo no, hubo amor a la cultura de quienes, sin alfombras rojas ni lentejuelas, la cuidan y la protegen, asistiendo con asiduidad a las salas; por eso fueron dos señoras, en representación del público mayoritario, las que entregaron la Biznaga de los espectadores. Ni siquiera los discursos de los premiados escaparon al humor de la gala, que ideó un ficticio premio al mejor agradecimiento. El galardón venía con sorpresa: un “espeto de oro” para el discurso más breve. 

Fueron entonces desfilando por el escenario los galardonados, como Mª Magdalena Sanizo, que cantó en quechua para agradecer su estatuilla. Sobre la resistencia de los pueblos y el amor a la naturaleza hablaron Álvaro Olmos Torrico y Joaquín del Paso, que se confesó un enamorado de hacer películas. Lo mismo hizo Ian de la Rosa, quien además reclamó escuelas de cine públicas para que esta industria no sea un “espacio de privilegio”. O la triunfadora de la noche, Marta Matute, que pidió responsabilidad y humanidad a las instituciones en el trato con los pacientes dependientes y compartió su Biznaga con todas las personas que están al cuidado de familiares.

El adiós definitivo llegó con una ‘rave’ en honor a ‘Sirät’ y, por supuesto, los besos de los ganadores, símbolo del final feliz de esta edición, que se despide con el corazón lleno de buen cine y la vista puesta en un aniversario redondo. Será, de manera tempranera, el próximo febrero. Hasta entonces, Málaga seguirá siendo el lugar donde el cine, como el amor, siempre encuentra un motivo para celebrarse.