La joven fotógrafa firma la exposición de calle Larios con 79 imágenes que nos llevan incluso a las habitaciones de las estrellas
TAMARA HARILLO
Una sonrisa cómplice, una mirada furtiva al backstage, un botón de la camisa que no termina de cerrar... Detrás del escenario, el Festival de Málaga empieza a tomar forma a través de pequeños gestos, cotidianos y reales, pero invisibles para los ojos del público. Hasta ahora. Porque en la pasada edición, la fotógrafa Amparo García (25 años), se propuso mirar lo que nadie ve. El resultado son 79 fotografías verticales, un formato poco habitual en su trayectoria, que recorren nueve días del certamen y que nos desvelan una imagen poco conocida, pero profundamente humana, de las estrellas que desfilan por la alfombra roja.
‘Fuera de plano’, la exposición de este 29 Festival de Málaga, viste Calle Larios hasta el próximo 15 de marzo con instantáneas en la que Amparo ha dejado su impronta. Claroscuros intencionados, encuadres que rozan lo cinematográfico, momentos de emoción captados en el umbral exacto.
“Mi objetivo era enseñarle al público una parte del Festival que va un paso más allá. Como si pudieras colarte e ir a donde quisieras, que es la suerte que yo tuve”, confiesa. De ahí el título de esta muestra: lo que no se ve desde la butaca ni desde el objetivo oficial. Imágenes que no estaban pensadas para el foco, pero que ahora forman parte del relato visual del Festival.
Amparo pidió libertad y la tuvo, así que decidió no poner límite. Entró en las habitaciones del hotel donde actores y actrices se preparan para galas y estrenos. “Ya que me dejan hacer lo que quiera, voy a llevarlo al máximo”, se dijo.
Entrar en lo privado
Y lo máximo era, precisamente, abrir las puertas más íntimas. Lo que encontró dentro no fue artificio, sino pura y absoluta humanidad. “Cuando era pequeña no me podía creer que las princesas se lavaran los dientes. Y justo era eso lo que quería enseñar. Que ellos [los actores] se duchan, se visten, se peinan, se maquillan. Que todo ese proceso es real”.
Esa capacidad de entrar, observar, disparar y salir sin alterar lo que sucede es parte de su oficio. Amparo procede del ámbito de la fotografía política, donde ha narrado el día a día institucional. “Mi trabajo es entrar, hacer fotos de lo que me llama la atención, dar las gracias y salir. Si me hago notar, cambio lo que ocurre”.
Aquí la diferencia no estuvo en la mirada, sino en la producción. Hay fotos que nacen en apenas un suspiro, otras que requieren de más dedicación. Pero todas cuentan una historia verdadera con protagonistas de carne y hueso. La experiencia, asegura, ha sido un regalo, aunque también una maratón física y mental. Más de 20.000 disparos serán ya, para siempre, recuerdos imborrables. Entre ellos, el abrazo entre Mario Casas y Álvaro Cervantes compartiendo Biznaga, la anécdota con Paco León, que se olvidó de la cita y se cambió en ese mismo instante, o su momento favorito: la foto de Miguel Ángel Silvestre.
Se trata de la primera muestra en solitario de Amparo García, con una amplia experiencia en fotoperiodismo. Ha colaborado en medios como El Confidencial, además de ejercer como responsable de Fotografía y Edición Gráfica del Ayuntamiento de Málaga, periodo en el que ganó el Premio Nacional de Fotografía Política. Actualmente es fotógrafa de gira del cantautor El Kanka.