Equipos técnicos, personal de sala y otros departamentos sostienen cada jornada desde la trastienda
Tamara Harillo
Un festival de cine es, en realidad, una maquinaria compleja que funciona con precisión casi milimétrica durante diez intensos días. Cuando el público ocupa su asiento y las luces de la sala se atenúan, el Festival de Málaga inicia su actividad con una naturalidad casi mágica: las películas comienzan a la hora prevista, los invitados llegan a sus presentaciones y la alfombra roja se llena de flashes. Sin embargo, detrás de esa aparente y necesaria fluidez, existe una red de profesionales cuyo trabajo rara vez aparece en primer plano. Son los oficios invisibles del festival: trabajan desde la trastienda para que todo suceda exactamente como debe de suceder y resultan imprescindibles para que la celebración del cine funcione.
Uno de esos engranajes fundamentales es el departamento encargado de la gestión de invitados, que, meses antes de la inauguración, coordina vuelos, hoteles, acreditaciones y agendas. Esa logística se traslada después a las calles de la ciudad gracias al equipo de conductores, que durante el festival recorren Málaga enlazando los desplazamientos de los equipos.
Y antes de que los focos se enciendan, otros perfiles trabajan a contrarreloj para que todo esté preparado. Los equipos de maquillaje y peluquería hacen que las estrellas brillen en los photocalls. Mientras tanto, en las distintas sedes, el personal de sala y taquilla se encarga de gestionar la entrada del público y proyectar la cartelera. Se suman los equipos técnicos y de comunicación que retransmiten eventos, coordinan cámaras, sonido y señal en directo o documentan cada acto a través de fotografías, vídeos y contenidos para web y redes sociales.
Junto a ellos, trabajan codo con codo compañeros de producción, programación, coordinación de actividades y jurados, el área de industria del Festival -punto de encuentro del audiovisual iberoamericano y mercado internacional-, realización y regiduría; protocolo, personal de bienvenida; limpieza; técnicos de montaje; publicidad, marketing y patrocinios; administración y hasta los chefs de Cinema Cocina. En conjunto, como el milagro colectivo que es el cine, hacen posible la magia del 29 Festival de Málaga.