Protagonistas

“Tuve que aprender a no sufrir con mi profesión, pero el cine es mi refugio”

“Tuve que aprender a no sufrir con mi profesión, pero el cine es mi refugio”

Entrevista

Protagonista Jota Linares

25.03.2022

En su regreso a málaga, Jota Linares repite en Sección Oficial junto a Netflix, María Pedraza y las mismas ganas de disfrutar del Festival que cuando era un universitario

¿Quiénes son ‘Las niñas de cristal’?

La película nos cuenta la estrecha amistad entre dos bailarinas, una veterana y otra recién llegada, muy diferentes entre sí, de una compañía de danza ficticia, pero basada en las reales. La historia arranca cuando una de ellas tiene que sustituir a la anterior primera bailarina de la escuela porque se ha producido un suicidio del que no sabe el motivo. Y entonces es un relato de superación, de amistad y de cómo estas dos chicas emprenden una huida hacia adelante para buscarse a sí mismas, pero también de miedo al fracaso, de soledad, del éxito, que a veces también engaña mucho… Se tienen que enfrentar a cosas que el artista siempre se enfrenta cuando está delante de la que, en teoría, es la oportunidad de su vida. 

Se trata de un guion escrito junto a Jorge Naranjo.  Jota, las cosas mejor en buena compañía, como Irene y Aurora.

¡Sí! Dirigir no sé si dirigiría alguna vez con alguien, eso creo que me costaría más. Pero en cuanto a escribir, si me dieras a elegir te diría que me gusta más escribir con alguien. Hay mucho más autocrítica, tienes una persona a la que usas de frontón igual que ella a ti y las cosas fluyen más. El proceso de escritura es muy solitario, y eso a veces gusta y otras se te cae la casa encima. Así que tener a alguien que entienda la historia como tú, que aporte otra visión, siempre expande el universo, siempre suma. Con Jorge ha sido una experiencia preciosa. En cierta manera nos salvó porque justo creamos la película en el confinamiento, y tuvimos la cabeza ocupada cuando no sabíamos si venía el fin del mundo o el apocalipsis. Fue un proceso complicado porque a mí me gusta el contacto físico con el otro guionista, así que esos meses tiramos de Zoom como España entera y como el planeta entero. Pero ha sido muy enriquecedor.

¿Y por qué la danza para ambientar esta historia? ¿Qué aporta esta disciplina sobre las otras? 

Creo que aporta un concepto estético muy poderoso, crea una belleza absoluta sobre el escenario, pero detrás, entre bambalinas, hay mucho sufrimiento, mucho dolor, mucho sacrificio, llevan sus cuerpos al extremo y me parecía que visualmente era poderosísimo. De hecho, había una máxima en la película que era que la cámara fuera un bailarín más y así ha sido, está todo el rato colándose entre la coreografía. Además, personalmente tengo muchos amigos en la danza y me gustaba el elemento dramático y de conflicto que aportan los personajes, porque sus carreras son muy cortas. Saben que es muy efímero y aun así se dejan la piel en ello. 

Es una historia de exigencia, de sacrificio, de envidia, pero también de amistad, de luchar por lo que uno ama y de salvación. ¿Eso también es extrapolable al cine?  

Claro. De hecho, Irene, el personaje que interpreta María Pedraza, está muy basado en mí y en todo lo que viví con mi primera película, que pegué un volantazo equivocado y todo lo que debería haber sido felicidad lo convertí en algo absolutamente horrible. Me pudo el síndrome del impostor. Tuve que aprender a no sufrir con mi profesión. Y cuando lo hice, vi que era un oficio que cura. El cine educa y salva, hay gente que se aferra a determinadas historias para salir adelante. Es una profesión que no es fácil, no es un camino de rosas. El arte también implica mucho dolor, porque a veces los artistas buscamos en nuestro interior para crear y encontramos cosas que no son bonitas. 

Ese paralelismo entre danza y cine está en la película, como también el dolor y el miedo de los personajes, que quieren encontrar un refugio en el que sentirse a salvo. Jota, ¿el suyo es hacer películas?

Sin duda. El refugio, te diré, para mí es el arte, el cine, sobre todo. Pero fíjate, y esto lo he ido descubriendo con los años, también tus raíces, el lugar de donde vienes. Para mí es mi pueblo, Algodonales. Es un sitio muy pequeñito, pero allí está la gente que me conoce desde siempre, a la que no puedo mentir porque saben quién soy. Ese es mi lugar en el mundo. 

Esta es su tercera película, después de ‘Animales sin collar’ y ‘¿Qué te llevarías a una isla desierta?’, trabajos muy distintos entre sí, ¿no? 

Me gusta explorar diferentes géneros, pero también me gusta pensar que todo está ocurriendo dentro del mismo universo. De hecho, uno de los momentos más importantes de la película, que transcurre en un bar, es exactamente el mismo que el de mi anterior trabajo. Hacer siempre lo mismo es muy aburrido, pero gusta sentir que todo está conectado. 

¿Y cómo ha sido trabajar con bailarines de verdad? Precisamente, María Pedraza tiene formación en este ámbito y han estado asesorados por Antonio Ruz, Premio Nacional de Danza. 

Todos los bailarines debutan en la interpretación. Fue algo que tuvimos claro desde el principio, que todos los números estuvieran protagonizados por ellos, que no hubiera trucos, dobles ni efectos especiales. Y fue un gustazo, su nivel de disciplina era tal que raramente pasamos de la segunda toma. Con Antonio nos daba mucho respeto, al principio cuando me acercaba a él lo hacía como si fuera a hablar con el Almodóvar de la danza. Pero nos lo puso facilísimo, él disfrutó como un niño viendo el cine desde dentro. Entendió muy bien la película y fue muy exigente con el reparto, sobre todo con María, que lo que hace a nivel artístico es impresionante.

Además repite experiencia con Netflix. ¿Orgulloso de esa apuesta que han hecho por usted? 

Da mucho vértigo pensar cuánta gente la va a ver el fin de semana de la presentación, pero me han dado muchísima libertad. No sé si esta película hubiera salido a través de otro apoyo, porque es una película complicada y me han dado confianza plena para dirigirla con el tono que he querido, con los actores que he querido, con la duración que pedía la historia. Ir de la mano con ellos da mucha seguridad, notas mucho apoyo. Solo tengo palabras de agradecimiento.

La película tiene ya fecha de estreno, pero antes compite en el Festival de Málaga, una cita que conoce muy bien. ¿Con qué expectativas viene?

No puedo expresar lo que siento al volver a Málaga. Recuerdo incluso la primera película que vi en el festival cuando yo estudiaba la carrera. Era ‘Son de mar’, de Bigas Luna, cuando se hacía a las puertas del verano y nos daba coraje a los estudiantes porque nos pillaba con los exámenes finales. Íbamos súper agobiados pero sacábamos tiempo para ver cine. Así que estar en un festival que yo he mamado como espectador es muy emotivo. Encima estoy muy arropado porque mis amigos de la universidad aprovechan y se vienen a verme. Me siento en casa, pero me da mucho respeto, porque espero no defraudar en un sitio al que yo quiero tanto.

Tamara Harillo