Protagonistas

“Para mí, hacer películas es una manera de vivir”

“Para mí, hacer películas es una manera de vivir”

Entrevista

Protagonista Anna M. Bofarull

22.03.2022

Las historias de tres mujeres que luchan contra el terror del Estado Islámico centran la nueva película de Anna M. Bofarull

Su primer largometraje de ficción, ‘Sonata para un violonchelo’, fue presentado en Málaga y ahora regresa con ‘Sinjar’, su tercera película. ¿Con ganas de mostrar esta nueva historia al público? 

Sí, es un momento muy especial. Después de estar tanto tiempo intentando levantar el proyecto, buscando la perspectiva, después el rodaje en el Kurdistán iraquí y después en Barcelona en plena pandemia… Ha sido un proyecto complicado y por fin poder compartirlo con el público es un gustazo. Y además poder hacerlo en Málaga lo hace muy especial, la verdad.

‘Sinjar’ parte de tres historias de tres mujeres distintas pero unidas por un objetivo común: enfrentarse, cada una a su manera, a la yihad islámica.

Cuando empecé a investigar sobre todo lo que pasó en 2014 en la zona de Sinjar, en esa área del Kurdistán iraquí, junto a la frontera con Siria, que ocupó el Estado Islámico, me sorprendió mucho cómo convirtieron a las mujeres de la minoría yazidí en esclavas sexuales. Y por eso me puse a investigarlo y empezaron a surgir historias que unían diferentes territorios. Comencé a descubrir también cómo sufrían todas esas madres cuyos hijos adolescentes iban a luchar junto al Estado Islámico. Por eso quise abordar que ese dolor que provoca la guerra y que destroza a las personas de un día para otro era común en diferentes lugares del mundo. En el fondo, todas estas historias hablan de lo mismo, que es el dolor de perder a los que quieres e intentar recuperar la vida y la estabilidad emocional que tenías antes.

¿La idea es poner en primer plano que los sentimientos de las personas son más fuertes que el terror?

Sí. De alguna forma, la guerra y el terror destruyen a las personas de un día para otro, y lo que todos queremos es recuperar ese cariño y estabilidad que teníamos antes. Y de eso va la película. Ahora estamos viendo lo que está pasando en Ucrania y de alguna manera sentimos que hay ciertos lugares donde tienen que estar acostumbrados a que les pasen cosas terribles. Para mí era muy importante poner la cámara muy cerca de estas mujeres que han padecido cosas horrorosas y ver que lo padecen igual que lo puede padecer alguien en España en el siglo XXI.

Precisamente, la historia del personaje que interpreta Nora Navas transcurre en Barcelona, donde busca a su hijo que se ha unido a la yihad.

La idea era hablar un poco de esta guerra global, de este terror global que sentimos muy lejano a nuestras vidas, a pesar de que Twitter o las noticias nos lo pongan ahí día a día. Y quería ver cómo podía llegar de repente a la vida de alguien que podría ser cualquiera de nosotros, en España o en cualquier ciudad occidental.

¿Qué buscaba al poner delante de la cámara a Iman Ido Koro, una actriz no profesional que encarna a un personaje que vive una terrible situación que ella mismo vivió en el pasado?

Al principio no me había planteado esta opción: pensaba en una actriz joven interpretando este papel tan duro. Pero después de estar investigando mucho y de conocer, mientras escribía el guion y buscábamos localizaciones, a muchas de estas jóvenes que han vivido historias tan horrorosas, pensé que era importante poder darle la voz, el rostro y parte de su historia. Al final, los rostros y las miradas están muy presentes delante de cámara. Para mí fue una decisión muy importante.

Seguro que rodar en el Kurdistán no habrá sido una tarea sencilla ni libre de riesgos.

La zona donde estuvimos es una zona relativamente tranquila, aunque por otro lado no hay ningún seguro que te cubra un rodaje. Por lo que, evidentemente, se corre un riesgo. Pero teníamos un equipo muy pequeño, únicamente integrado por mujeres y que fuimos muy bien recibidas por la comunidad yazidí. Para ellos era muy importante que estuviéramos contando su historia y que viniésemos de tan lejos para interesarnos por lo que les ha pasado. En todo momento estuvimos muy arropadas y cuidadas. Lo que no nos esperábamos es que, además, los días de rodaje fueron justo en los que empezó la pandemia.

Se agradece que una mujer nos cuente cómo son las guerras en el mundo, algo muy poco habitual, lamentablemente.

Para mí estaba claro que era una historia de mujeres en la guerra. Estamos muy acostumbrados a ver historias bélicas en las que la mirada femenina no está presente en ningún momento. Y para mí esto era muy importante, al igual que elegir un equipo de rodaje femenino. Al final, la sensibilidad femenina está tanto detrás como delante de la cámara. Es muy importante que las mujeres podamos contar las historias desde la perspectiva que queramos darle. Porque al final se trata de enriquecer esa visión que un espectador pueda tener de lo que pasa a su alrededor.

¿El cine debe estar unido al compromiso con la realidad que nos rodea?

Por mi parte sí, absolutamente. Evidentemente, también entiendo su faceta de diversión y pasatiempo. Pero creo que levantar una película son muchos años de esfuerzos, de lucha. Y para mí eso solo tiene sentido si al final estás aportando una visión o enseñando una parte del mundo en la que el público en general no se ha fijado. Hacer una película es abrir una ventana para que el púbico vea una historia que si no la cuentas tú quizá no la cuenta nadie. Para mí eso es muy importante. No me veo dedicándome a algo que realmente no me mueva, no me llene o no me importe en el sentido social, reivindicativo, educativo o pedagógico. Hacer películas para mí es una manera de vivir y la experiencia de estar rodando en el Kurdistán iraquí, ir a recoger a una de nuestras protagonistas a un campo de refugiados o estar en contacto con todas estas mujeres que han pasado barbaridades es algo que me afecta en el día a día y cambia mi forma de ver el mundo. Con lo cual, hacer una película no es para mí solo un oficio: es una manera de vivir.

Jesús Zotano