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“He llegado lejos trabajando pero nunca me he sentido un referente”

“He llegado lejos trabajando pero nunca me he sentido un referente”

Homenajes

Protagonista Sol Carnicero

22.03.2022

La directora de producción Sol Carnicero recoge hoy el Premio Ricardo Franco por una carrera que ha desempeñado con humildad, a pesar de haberse rodeado de los más grandes

Enhorabuena por este reconocimiento que concede el Festival de Málaga junto a la Academia de Cine. ¿Qué siente ante esta distinción?

Me da mucha alegría porque es un premio precioso que me recuerda a un compañero estupendo que, por desgracia, se nos fue antes de tiempo. Pero también lo recibo con agobio, los premios me generan una inquietud que no controlo bien porque no estoy acostumbrada a estas cosas, me ponen en un plano de protagonismo y me da nervios. Siempre he hecho mi trabajo de manera colectiva, siendo una pieza más de este engranaje, y dar ese paso adelante me da vértigo. Eso sí, estoy encantada, la verdad.

Sol, los niños, por lo general, sueñan con ser directores o actores pero, ¿cómo encuentra uno la vocación en la producción?

En mi caso fue el destino. Yo quería formar parte del cine y mi forma de entrar fue a través de la televisión. Los papeles principales en la industria, que son el productor, los guionistas y los directores, me parecían demasiado difíciles para mí, hay que tener una serie de aptitudes que creo que no tengo. Pero ahí andaba yo, intentando aprender de todo y de todos, así que los que estaban por arriba vieron cómo trabajaba y me fueron encarrilando hacia este cargo, porque debieron pensar que lo hacía bien. Tenía autoridad, organizaba bien las cosas, el dinero que dejaban en mis manos lo invertía con cabeza… Y así me convertí en directora de producción. Quien realmente me lo acabó de descubrir fue mi jefe y mentor, José Manuel Miguel Herrero. A su lado aprendí lo que me faltaba para llegar a este puesto, me dio el último empujón. 

Dijo en su discurso, cuando recogió el Goya, que el trabajo de un director de producción es resolver problemas. ¿Eso ha cambiado con los años? ¿Cómo ha evolucionado el oficio? 

El oficio sí ha cambiado, pero nuestra tarea no. Las producciones ahora se hacen de otra manera, en general no hay un solo productor sino que son muchos, este trabajo se vuelve más complicado. Yo lo llevaba muy bien cuando solo tenía que discutir con una sola persona. Para mí fue fundamental Alfredo Matas, con él me entendía a la perfección. Yo lo ponía de acuerdo con el resto del equipo y hacía que la película tuviera lo que necesitaba, dentro de nuestras posibilidades. Discutíamos el presupuesto, pero siempre llegábamos a un entendimiento y a partir de ahí solo me quedaba seguir las directrices del productor y los directores.

De todos los oficios del cine, ¿es quizá la tarea más invisible, la menos reconocida?

Creo que no se sabe muy bien en qué consiste nuestra tarea, muchas veces se confunden los puestos porque todos están dentro del bombo de la producción. Pero bueno, el público general tampoco tiene por qué saberlo, a la audiencia lo que le tiene que llegar es una película bien hecha. 

¿Qué cualidades tiene que tener un buen director de producción? 

Orden, paciencia, visión global del proyecto para saber por dónde hay que caminar y no estar en contradicción con lo que estamos haciendo. Si creemos que en algún momento no podemos seguir, tenemos que dejarlo. 

Es usted la primera mujer en convertirse en directora de producción en España, rol en el que debutó con la película ‘Vámonos, Bárbara’. ¿Ser una pionera le ha marcado su carrera? 

¡Para nada! He llegado hasta aquí porque estaba en el camino, pero jamás me he sentido un referente. Además, cuando se ha empezado a recordar esto ha sido en los últimos años, precisamente cuando ya no estoy haciendo películas. Cuando estaba dentro del ajo, nadie me resaltaba que había sido la primera. Yo era una compañera más en todos los equipos. Nunca he tenido esa sensación.

Pero desde entonces la presencia femenina en la industria ha aumentado. ¿Vamos por buen camino?

Desde luego que sí, pero nos queda mucho por hacer, hay algunos puestos en los que la presencia de mujeres no está normalizada. En la dirección de producción afortunadamente sí. Las mujeres hemos demostrado unas cualidades que quizá sean innatas para hacerlo muy bien en este cargo. Hoy en día representamos más del 50% en este ámbito. Pero no en todos los cargos tenemos ese porcentaje.

Ha trabajado con los más grandes de nuestro cine. Serán innumerables pero, ¿con qué recuerdo se queda? 

Todos son imborrables pero además me van surgiendo poco a poco. Como si de pronto me diera cuenta de que sí he trabajado con todos los grandes. Esta semana me acordé de casualidad que en el año 69, estando en Barcelona con Chicho [Ibáñez Serrador] en el teatro Talía haciendo ‘El Agujerito’, me dio una novela para que la leyera y comprara los derechos. Era ‘El Padrino’, de Mario Puzo. Cuando fui a comprar los derechos me dijeron: “Acaba de comprarlos un tal Coppola”. Hace 50 años de esto y el tal Coppola en aquel momento tenía 29 años y Chicho 32. Estaba sin darme cuenta entre gente muy grande. Podría estar hablando años de las cosas que me han pasado con Berlanga, con Jaime Chávarri, con Pilar Miró, con Josefina Molina… ha sido maravilloso.

A Berlanga, precisamente, la unía una relación muy especial. ¿Trabajar con él era tan divertido como sus películas? 

Los rodajes de Berlanga eran fascinantes. Por un lado eran muy divertidos, pero terroríficos en cuanto a trabajo y esfuerzo. Berlanga estaba pendiente absolutamente de cada detalle y como se te escapara la más mínima se te caía el pelo. Pero el ambiente era sensacional, reinaba la alegría. Al final siempre merecía la pena.

Tiene un Goya, fue impulsora y socia fundadora de la Academia, acumula premios de todos los tipos. Viéndolo así parece que todo ha sido fácil. ¿Cómo valora su trayectoria? 

Bueno, como es muy larga, hay cosas buenísimas. Y lo malo, por suerte, se me olvida, así que no puedo sentirme más afortunada.

¿Y en qué está ahora?

La dirección de producción requiere de un ejercicio físico que ya no voy teniendo, ya voy siendo más mayor y ahora esa labor recae en manos de algunos de mis alumnos. Me pone muy contenta que los que están tomando ahora el relevo hayan pasado por mis clases. Pero yo no me quiero quedar parada, si te paras desapareces. Mis labores ahora son más reflexivas. Una de mis obsesiones es que la Academia, donde puse el primer granito de arena, avance y creo que lo estamos haciendo muy bien, hemos ido ganando prestigio. Y luego otra de mis preocupaciones es que el cine se enseñe en las escuelas. Que niños y jóvenes sepan para qué sirve el audiovisual y lo sepan manejar. Este arma no dispara misiles ni bombas, pero sí cultura y conocimiento, que es lo que realmente marca nuestra vida.

Tamara Harillo