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Gala Premio Málaga Talent
26.03.2022

Javier Calvo y Javier Ambrossi convierten en una fiesta la gala Málaga Talent, con la que el Festival premia la personal mirada que aportan al audiovisual español

La primera vez que Javier Calvo y Javier Ambrossi pisaron un festival de cine fue en Málaga. Calvo, siendo todavía un adolescente en una ciudad a la que adora; Ambrossi, todavía un desconocido ante las cámaras, como miembro del reparto de ‘El triunfo’. Ese título, como si de un caprichoso presagio se tratara, les sirvió a ambos para marcarles el camino hasta esta 25 edición. El Festival reconoció ayer con el Premio Málaga Talent la valía de dos creadores únicos con un estilo inconfundible, un talento que multiplican al cuadrado formando un tándem perfecto.

Y, como no podía ser de otra manera, tratándose de los homenajeados, la gala se convirtió en una fiesta que dio muestra de la manera que tienen estos prolíficos autores con una capacidad innata para detectar buenas historias de entender su éxito como un esfuerzo colectivo, vivido siempre desde el disfrute, la libertad y en la mejor compañía. La actriz Cayetana Guillén Cuervo tomó el relevo como presentadora en el Cervantes, con un discurso de bienvenida en el que ensalzó la figura de esta pareja artística, puntera en el panorama audiovisual español actual. Acertó la intérprete en definirlos como una suerte de Reyes Midas que, además de convertir en oro todo lo que tocan, también lo llenan de amor. Porque si algo quedó claro anoche es que tanto Ambrossi como Calvo son símbolos de una nueva era, referentes para una generación que se atreve a mirar más allá y abordar temáticas actuales desde el respeto y la complicidad. 

De su capacidad transformadora y de su compromiso con estos tiempos por fin modernos dejaron constancia también la caravana de invitados que subieron al escenario para deshacerse en elogios hacia los galardonados. No podía ser otra que Macarena García, hermana de Ambrossi, quien abriera el turno de palabra, que, con la voz entrecortada de la emoción, se refirió a ellos como “el centro de su vida”. 

Fueron después desfilando delante del micro un sinfín de amigas que acudieron a la llamada de sus descubridores, como Daniela Santiago, compañera en ‘Veneno’, que con su característica gracia y acordándose de las que ya no están, agradeció al genial dúo su apuesta por dar visibilidad a realidades distintas y sacar de la sombra a gente a la que “han salvado”. Igual lo hizo Jedet, que señaló el “arte revolucionario” de sus obras y paseó el orgullo de ser “chica Javis”. Coincidió también en recalcar la poderosa rebelión de la cultura que abanderan Ambrossi y Calvo con su mirada innovadora la actriz y humorista Yolanda Ramos, que, en un alegato a favor de dar cabida a las propuestas alternativas y rompedoras, se refirió a los distinguidos como “millenials en una revolución sin armas”. 

Todavía quedaba hueco para alguien más en el concurrido escenario: John Cameron Mitchell apareció para poner música al homenaje y no le hizo falta más soltura con el español que un “Javis sois mis hermanos” para descorchar al ritmo de ‘The Origin of Love’ el desmadre sobre las regias tablas del teatro. 

Porque pasó lo inevitable: la pareja premiada, que hasta entonces había seguido la gala atenta desde el patio de butacas y llorando desde el primer minuto, saltó al escenario para dar rienda suelta a toda la emoción contenida y las ganas de fiesta que acumulaban. Selfies, directos de Instagram, abrazos y hasta un beso de película con la Biznaga en alto fue el mejor y más coherente discurso de agradecimiento que pudieron ofrecer al público, que, en pie, se sumó desde abajo a la celebración que capitaneaban los dos protagonistas de la noche. A su colorida manera, añadían un mágico recuerdo más de su paso por Málaga, quizá el más especial. Una vez, en este festival, a Javier Ambrossi le impidieron la entrada a una zona privada: “Perdona, pero esto es solo para actores”, le espetó un miembro del equipo de seguridad. Anoche, una década después, firmó junto a su compañero de carrera y vida su particular y divertida vendetta con forma de Biznaga. Y hasta esa revancha la convirtieron en un acto de amor.

Tamara Harillo