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El cine contra viento y marea

El cine contra viento y marea

Gala de clausura
14.06.2021

El festival despide esta brillante 24 edición en una gala llena de humor y cariño y con la vista puesta en el próximo aniversario

Málaga volvió a obrar anoche el milagro del cine en la gala de clausura, que convirtió la entrega de las Biznagas a los ganadores y el abrazo - simbólico- entre las cinematografías de una y otra orilla en el sueño de una noche de verano.    

Para ello, padre no hubo más que uno en esa ceremonia que condujo con su humor habitual Santiago Segura, que, spray desinfectante en mano, hiló un guion sin filtros ayudado por las anfitrionas locales Noemí Ruiz y Celia Bermejo, encargadas de recibir en el escenario a la caravana de caras conocidas de nuestro cine que acompañaron a los homenajeados en su gran noche.  

Y lo fue sobre todo para la ganadora sin par de este 24 cumpleaños. ‘El ventre del mar’, de Agustí Villaronga, ya ha hecho historia en este festival alzándose como la película que más biznagas ha atesorado en estos dos décadas y casi media de fiesta del cine latino. La mitad del palmarés (seis galardones, incluidos Mejor Dirección, Mejor Guion y Biznaga de Oro) fue para esta película cargada de simbolismo con la poderosa moraleja de sobrevivir al naufragio, rodada como “acto de rebeldía”, según el propio director, cuando las cosas iban en contra. No pudo haber un mensaje de cierre más optimista que el de la película para definir los tiempos que corren, como ejemplo de que se puede y se debe continuar cuando el cine actúa como balsa de salvación.

Pero junto a la veteranía de Villaronga o del mítico actor Alfredo Castro, que también se llevó premio, surcó por el Cervantes la nueva ola de cineastas representados también en el  podio, como María Romanillos (‘Las consecuencias’), Ainhoa Rodríguez (‘Destello bravío’), Juan Pablo Félix con el ‘Karnawal’ que le valió la Biznaga de Oro a la Mejor Película Latinoamericana o la debutante Carol Rodríguez Colás, que dedicó a las ‘Chavalas’ del mundo su Biznaga, en uno de los muchos discursos reivindicativos que pasaron por el atril. 

Hubo también, entre tanto cine, hueco para la música. No le importaron a Manuel García, desde Chile y a través de la pantalla, las seis horas que diferencian el reloj entre Santiago y Málaga, porque en esa distancia que nos une quiso mandar una muestra de fraternidad cinéfila en forma de canción. Al ritmo de malambo lo hizo el bailarín Martín López, que zapateó en las tablas antes de que la sorpresa final llenara de folclore y fusión el templo malagueño. El inclasificable Rodrigo Cuevas y la malagueña Diana Navarro, acompañados de una panda de verdiales, se marcaron unas letras personalizadas para la ocasión bajo el compás de violines y bandurrias. 

Y así se despidió esta 24 edición, entre aplausos, risas, abrazos contenidos, verdiales que suenan en junio y la manifiesta satisfacción de apagar el proyector sin cuentas pendientes. Con la misión cumplida de haber sido un año más una cita útil, segura, amable y alegremente necesaria, la vista ya está puesta en el aniversario de plata. Y eso, con toda seguridad, será en primavera.

Tamara Harillo